Entrevista a Isabel Ribet en Tiempo Argentino

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Una comparación que se arrastra a través del tiempo, equipara a las cárceles con las tumbas donde yacen los olvidados de la sociedad. Lo hace valiéndose de su carácter de infero, infierno, que oculta aquello que el mundo no quiere dejar salir a la superficie. Tal vez esto parta de otro concepto fuertemente arraigado, de que los presos pierden sus derechos como personas ni bien ponen un pie en la cárcel. En este sentido, la directora del área de educación en contexto de encierro del Ministerio de Educación de la Nación, María Isabel Giacchino, lucha por desenraizar estas creencias: “Hace diez años que estoy al frente de esta área y el debate en aquel momento era de tal agudeza que se discutía si resultaba o no digno que un preso toque la bandera nacional con sus manos, como si fuera a mancharla, a contaminarla.” Continúa diciendo: “Hoy cada cárcel tiene su bandera, los presos con mejor promedio son abanderados” y desarma otro prejuicio, el del machismo excesivo que se respira en los pasillos de los penales: “no es así, en todo caso, el machismo es de los agentes para con los detenidos, pero cuando el preso necesita realmente de alguien, o está angustiado, no llama a sus compañeros de celda, llama primero que nadie a su mamá”. En esta entrevista cuenta qué está haciendo el Estado en materia de educación universitaria en las cárceles.–¿Qué establecía la ley de educación  hasta 2006?
–Que debía haber sólo educación primaria obligatoria, por lo que la cantidad de alumnos en la cárcel era muy reducida. Luego nos dimos cuenta que no bastaba con el primario, tenía que haber secundario, pero esto no estaba establecido por ley. Recién con la Ley de Educación Nacional de 2006 se crea  la modalidad de educación para personas privadas de la libertad. En el 2011 se estableció que primario y secundario eran obligatorios en todas las cárceles federales y en todas las provincias. Es decir, podemos decir que hoy hay primario y secundario en el 99% de los establecimientos. Estamos trabajando en dos cosas. Por un lado, que haya más docentes en las cárceles, que la matricula pueda crecer y que los contextos de encierro tengan biblioteca, celebración de las fiestas patrias, generación de proyectos de ayuda a la comunidad, etcétera.
–Se trata de acercar un poco el paradigma de la escuela a la cárcel…
–Exacto. En la cárcel no están representados en la misma medida todos los sectores sociales. Los más altos tienen buenos abogados y pueden pasar tiempo antes del juicio fuera de la cárcel, pero las personas con pocos recursos dependen de un defensor oficial al que muchas veces conocen el mismo día del juicio. El nivel educativo de las personas que habitan las cárceles de la Argentina es muy bajo, la mayoría tiene primario incompleto. Pero lo que está sucediendo en los últimos años es que muchos están terminando el primario y cursando el secundario, por lo que el nivel universitario viene a dar una continuidad a todo esto. Y los que van cursando en la universidad, por ejemplo abogacía, asesoran a sus compañeros de celda desde cómo escribir un habeas corpus hasta un recurso de amparo, y en algunos casos les ofrecen llevarle sus causas.
–¿Qué posibilidades de reinsertarse laboralmente tienen al ser liberados?
–Eso varía. En muchas empresas, al ver que estuvieron presos no los toman, por eso las universidades están trabajando en enseñarles cómo armar un emprendimiento y muchos se vuelcan a formar cooperativas. Afuera de la cárcel todavía hay un rechazo social fuerte, aunque en nuestro país mueran más personas por accidentes de tránsito que por delitos.
–¿Las provincias también tienen una participación activa en este sentido?
–Sí. En casi todas ya hay actividades de universidades en las cárceles: cursos de idioma, talleres, informática, etcétera. Por ejemplo, en Mendoza se firmó un convenio con la Universidad de Cuyo para que se dicten 14 carreras que se pueden cursar en las cárceles de manera online independientemente de cuál sea el lugar físico de la cárcel desde donde se curse.
–¿Cuáles son las estadísticas de reincidencia en el delito luego de haber iniciado un estudio universitario?
–El Instituto Gino Germani tiene un estudio al respecto en el que advierte que la reincidencia general del delito es del 60%, y para los que iniciaron estudios universitarios es de sólo el 3 por ciento. Y una vez que ellos toman conciencia vuelven a sus barrios para ayudar a los pibes. Si ellos se drogaban (la mayoría de los reclusos son solteros, con hijos) hacen lo posible porque no les pase a sus hijos lo mismo que les pasó a ellos.
–¿Cómo se explica este cambio de conducta?
–Porque los presos encuentran una forma de autosustento digno en el estudio. De hecho, las universidades están tomando conciencia del importante rol que ocupan en este sentido y cómo pueden ayudar a disminuir la reincidencia. Hay una transformación del sujeto en la toma de conciencia de cuáles son sus derechos, en la forma de resolver los conflictos de un modo no violento y en que el vulnerado no recurra a la violencia sino a la palabra. Gracias a los estudios el sujeto recupera un sentido de convivencia perdido, se arregla para ir a cursar, lee, vuelve a tener un propósito en la vida. También en el NOA y el NEA hay una toma de conciencia fuerte y se está poniendo el énfasis en la formación para el trabajo, en enseñarles oficios.
–¿Qué pasa con las mujeres?
–Ellas son sólo el 5% de los detenidos y están trabajando en tecnicaturas de diversa índole que tienen una salida laboral corta de tres años. En el caso de los presos hombres, la relación con las mujeres docentes es muy particular. Ellas tienen un peso muy fuerte sobre el vulnerado y en ese sentido, comparten con ellos su sensibilidad.
–¿Están trabajando en la capacitación de los docentes?
–Sí, estamos trabajando en postítulos de educación en contextos de encierro. El año pasado 2000 docentes cursaron el programa y este año se espera que cursen otros 2000. Hay muchos jóvenes que se proponen voluntariamente para dar clase: ellos son los que contrarrestan al resto de la sociedad que muchas veces suele ser refractaria. Los jóvenes se acercan a la cárcel de corazón.IMG_20130204_153641

la experiencia del cusam – complejo penitenciario conurbano norte

La realización del derecho a una formación de alto nivel en el Centro Universitario San Martín (CUSAM) se fue concretando progresivamente tanto para los internos como los guardiacárceles que transitan por este espacio universitario a través de un conjunto de propuestas heterogéneas. Hoy en día intervienen tres unidades académicas: el IDAES, la escuela de Economía y negocios (Testing), la escuela de Pastelería (en convenio con el Sindicato de Pasteleros). Concluidos cuatro años de funcionamiento, el CUSAM tiene características específicas que implican una gestión con una dinámica y una lógica propia, que se adecúa al mundo carcelario.
- El CUSAM se ha convertido tanto en una sede de la universidad como en un espacio que transforma la lógica de la UNSAM en su conjunto. Confronta el quehacer docente, de la investigación y de la creación con un contexto de encierro. Contribuye de esta forma a una reflexividad específica sobre el proceso de formación.
–Arbitra un conjunto de iniciativas garantizando su buen funcionamiento, asumiendo la mediación política con las autoridades del SPB, y organizaciones locales que atraviesan la cotidianeidad del espacio carcelario.
–Crea una logística particular de la formación debido a las características del contexto de encierro. Por eso requiere personal entrenado a las temporalidades y a la naturaleza de las demandas estudiantiles en este contexto.
–Articula con organizaciones territoriales, con los familiares de los estudiantes procedentes de los barrios lindantes, y con las organizaciones de liberados.
–Dialoga y trabaja de manera directa con el Ministerio de Educación de la Nación, con el de la Provincia (Parlamentos Juveniles del Mercosur, Alfabetización, Voluntariado, Punto de Cultura, Plan de terminalidad de la Escuela Secundaria, etcétera), y desarrolla de manera conjunta actividades de formación e investigación con : UNCUYO, REXUNI, UNC, Universidad Popular de Madres de Plaza de Mayo.
Nuestra universidad desarrolla diferentes actividades tendientes a fortalecer el vínculo con toda la comunidad  y con quienes, de manera directa o indirecta, se encuentren afectados por situaciones de vulnerabilidad.  Específicamente, en este caso, nos referimos a las personas privadas de la libertad y sus familiares que, en la mayoría de los casos, habitan el territorio de la periferia del complejo carcelario. En este marco, se desarrollaron líneas de acción, que traducidas a su vez en acciones concretas, nos permiten enunciar hoy algunos de los objetivos alcanzados y  nuevos desafíos a futuro.
Más info: <http://20a.unsam.edu.ar/secretarias/extension/cusam.asp&gt;

el caso de waldemar

Waldemar Cubilla, es el fundador del Centro de Enseñanza de la Universidad de San Martín en la Unidad Penitenciaria Nº 48. Comenzó a estudiar sociología estando en prisión y alcanzó el promedio de 9,27 una vez que recuperó su libertad. A su vez, Cubilla forma parte desde 2009 de un taller sobre la canción latinoamericana, y armó un grupo musical Rimas de alto calibre, formado por doce presos de la cárcel bonaerense de San Martín, y grabó su primer disco íntegramente en el penal con el apoyo de la UNSAM.