libros más allá de los barrotes

Glennor Shirley, head librarian for Md. prisons, believes in books behind bars

Video: Glennor Shirley, library coordinator for Maryland Correctional Education Libraries, explains that prisoners who come to the library have choices about how to spend their time. /Glennor Shirley, bibliotecaria en jefe de las biliotecas en cárceles de Maryland, cree en los libros detrás de los barrotes. Video: Glennor Shirley, coordinador bibliotecaria de las bibliotecas de educación en los correccionales de Maryland, explica que los presos que van a la biblioteca pueden elegir cómo pasar el tiempo.By/Por  Michael S. Rosenwald, Friday/Viernes, March/Marzo 25, 8:54 PM

The library is quiet. At the front counter, workers shuffle papers, sort books and peck at computers. A woman walks in. “Oh, Miss Shirley is here,” says the man behind the reference desk, peeking over the top of his reading glasses. He is a convicted murderer./La biblioteca está tranquila. En el mostrador de recepción, los empleados organizan el papeleo, otros ordenan los libros y otros buscan en las computadoras. Una mujer ingresa. “Ah, la sra. Shirley está aquí,” dice el hombre detrás del mostrador de referencia, mirando por arriba de sus anteojos de lectura. Es un asesino.

Miss Shirley is Glennor Shirley, head librarian for Maryland prisons, responsible for the rows of books behind the barbed-wire fences here at Western Correctional Institution and 16 other state prison libraries. The inmate behind the desk and the librarian’s relationship dates back to a Commodore 64./La sra. Shirley es Glennor Shirley, la bibliotecaria jefe en las cárceles de Maryland, responsable de las filas de libros detrás de los cercos de alambre de púas aquí en el correccional Western y otras 16 bibliotecas carcelarias. La relación entre el preso detrás del escritorio y la bibliotecaria se remonta hasta la Commodore 64.

Glennor Shirley is the head librarian for Maryland prisons, responsible for the rows of books at 17 state prison libraries./Glennor Shirley es la bibliotecaria jefe de las cárceles de Maryland, responsable por las hileras de libros de 17 bibliotecas en cárceles estatales.

Video:Wayde Heslop, who is serving a life sentence for first degree murder at North Branch Correctional Institute in Cumberland, Md., explains why working in the library is the best job in prison./Wayde Heslop, quien está cumpliendo una reclusión perpetua por asesinato en primer grado en el correccional North Branch en Cumberland, Md., explica por qué trabajar en la biblioteca es el mejor trabajo en la cárcel.

“Remember, when you locked me in a room until I learned how to use that computer?” says the inmate, who wasn’t authorized by the prison to be quoted by name. Miss Shirley laughs, changes the subject, deflecting attention from herself, and then the inmate whispers: “Don’t let her be too modest. She is an amazing teacher. A lot of us have relied on her.”/ “¿Se acuerda cuando me encerró en la sala hasta que aprendí a utilizar la computadora?”, dice un preso, que no fue autorizado por la cárcel a ser citado por su nombre. La sra. Shirley sonríe, cambia de tema, desviando la atención sobre sí y entonces el preso susurra: “No le permitan que sea demasiado modesta. Ella es una estupenda docente. Muchos de nosotros confían en ella.”

Murderers, rapists, thieves and drug dealers have been relying on Miss Shirley, as she is always called by library visitors, for more than two decades to get them Jackie Collins novels, Westerns, biographies of Henry Ford, the latest James Patterson page-turner, poetry, Entrepreneur magazine, math textbooks, resume guides and illustrated books about snakes. /Asesinos, violadores, asaltantes y traficantes de drogas confían en la sra. Shirley, como siempre es llamada por los visitantes a la biblioteca, durante más de dos décadas para que les consiga las novelas de Jackie Collins, novelas de vaqueros, biografías de Henry Ford, lo último de James Patterson, poesía, revistas para emprendedores, textos sobre matemática, guías resumidas y libros ilustrados sobre serpientes.

But with state budget shortfalls, Miss Shirley is no longer allocated money for new books. Her already tiny slice of the $13.9 million prison education budget was whittled back even further after the department took a $2.1 million hit last year. Staffing is down. Funds for programs letting prisoners read books to their children — also gone. /Pero con los recortes en el presupuesto estatal, la señora Shirley ya no cuenta con dinero para la compra de libros nuevos. Su ya reducida porción en el presupuesto para educación penitenciaria estatal de U$S 13,9 millones, es aún más pequeña luego de la reducción de U$S 2,1 el año pasado. El personal ha disminuido. Los fondos para los programas que permiten a los presos leer libros a sus hijos también se han ido.

These days, her stories about library science behind bars often begin with this phrase, “When I had money.?.?. ”/ En estos días, sus relatos sobre bibliotecología detrás de las rejas a menudo comienzan con esta frase, “Cuando tenía dinero.?.?”

Changing lives/Cambiando vidas

Miss Shirley has weathered deficits during previous recessions as lawmakers diverted money away from prisoners toward law-abiding citizens — a constituency, she knows, that is prone to ask, “Why give money to murderers to read when people can’t get jobs?”

/La sra. Shirley ha sorteado deficits en las recesiones previas cuando los legisladores desviaban dinero destinado a los presos hacia los ciudadanos que cumplen con la ley – un grupo, ella sabe, predispuesto a preguntar, “¿Por qué dar dinero para que los asesinos lean cuando la gente no consigue empleo?”

The pendulum between punishment and rehabilitation behind bars always swings toward punishment during tough fiscal times, prisoner advocates say. But they also argue the swing is shortsighted, pointing to studies showing education programs can reduce recidivism by 29 percent. /El péndulo entre castigo y rehabilitación detrás de las rejas se desplaza hacia el castigo en épocas fiscales difíciles, sostienen los defensores de los presos. Pero también sostienen que este movimiento es de corta mira, indicando que los programas educativos pueden reducir la reincidencia en un 29 por ciento.

“Libraries in prisons changes lives,” says Diana Reese, president of the American Library Association’s division for specialized libraries. / “Las bibliotecas en las cárceles cambian vidas,” dice Diana Reese, presidenta de la división de bibliotecas especializadas de la Asociación norteamericana de bibliotecas.

Prisoners acknowledge the difficult decisions lawmakers face./Los presos reconocen las decisiones dificultosas que los legisladores enfrentan.

“Here are these men locked up, promised three meals a day, and we can read at our leisure without paying the rent,” says Wayde Heslop, 38, of Silver Spring, who is serving a life sentence at North Branch Correctional for the murder of a 23-year-old Hyattsville man. (Heslop loved “The Count of Monte Cristo.”) “But some of these men are coming back home. If they come back into society, at least they should come back educated.” / “Aquí tenemos a  hombres encerrados, con tres comidas diarias y pudiendo leer todo lo que se quiera sin pagar el alquiler,” dice Wayde Heslop, 38 años, de Silver Spring, quien está cumpliendo reclusión perpetua por el asesinato de un hombre de 23 años de Hyattsville (Heslop ama “El conde de Monte Cristo.”) “Pero algunos de estos hombres van a regresar a su hogar. Si ellos regresan a la sociedad, por lo menos deben regresar educados.”

Miss Shirley is not complaining. Rather, she has won plaudits from her prison librarian peers for pushing ahead despite setbacks facing the entire prison reading community. “Her libraries have been devastated in the last few years,” says Diane Walden, Miss Shirley’s counterpart for Colorado prisons. “She doesn’t complain or vent or whine. She is very focused on what she can do. She’s an amazing person and advocate.”/La sra. Shirley no se queja. Mas bien, ha logrado aplausos de sus pares bibliotecarios en cárceles por continuar avanzando a pesar de los contratiempos que enfrenta toda la comunidad lectora carcelaria. “Sus bibliotecas han sido desvastadas en los últimos años,” dice Diane Walden, la contraparte de la sra. Shirley en las cárceles de Colorado. “Ella no se queja ni lo ventila ni resopla. Ella es una persona fantástica y una defensora.”

Miss Shirley, 67, immigrated to Maryland in the 1980s from Jamaica, where she was a librarian. She has a gentle voice, inflected with an island accent, and she’s a talker. While working low-level jobs in public libraries during the day, she worked nights in a prison library to pay her bills./La sra. Shirley, 67 años, llegó a Maryland como inmigrante en los ochenta desde Jamaica, donde era bibliotecaria. Tiene una voz amable, tocada por el acenso de la isla y es una charlista. Mientras trabajaba en los niveles de ingreso en las bibliotecas públicas durante el día, continuaba en  las noches en las bibliotecas carcelarias para pagar las cuentas.

 

“I was just being practical,” she says. “I needed the money.” She remembers the first time the gate clanged behind her. “I had hundreds of inmates in my face. It was a strange feeling, these dozens of eyes looking at you and assessing you.”/ “Era tan sólo práctica,” dice. “Precisaba el dinero.” Recuerda la primera vez que la puerta rechinó detrás de ella. “Tengo cientos de presos en mi cara. Es un sentimiento extraño, estas docenas de ojos mirando y evaluando.”

The part-time job turned full time, and Miss Shirley rose to become a nationally known advocate for prison reading, telling tales of life behind bars in her popular blog, Prison Librarian. About a program she organized for prisoners to read to their children, she quotes an inmate saying, “It couldn’t get any righter than this.”/ El trabajo a tiempo parcial terminó siendo a tiempo completo y la sra. Shirley se volvió nacionalmente reconocida como una defensora de la lectura en la cárcel, haciendo relatos de la vida detrás de las rejas en su popular blog, Bibliotecaria carcelaria. Sobre un programa que organizó para que los presos lean a sus niños, cita a un preso expresando, “No se puede conseguir nada mejor que esto.”

“I am basically a person who believes in justice and what is right,” Miss Shirley says. “I saw these needs behind bars.”/ “Soy básicamente una persona que cree en la justicia y en lo que está bien,” dice la sra. Shirley. “He visto estas necesidades detrás de las rejas.”

Mining connections /Explotando las conexiones.

With the state facing a $1.6 billion budget shortfall, her job has become stressful and more complex. Miss Shirley relies on donations to line the shelves, but many books are several years out of date or the pages are too weathered and brown to be used. /Con el estado enfrentando un recorte presupuestario de U$S 1,6 billones, su empleo se ha vuelto extenuante y más complejo. La sra. Shirley confía en las donaciones para llenar las estanterías, pero muchos libros tienen varios años de desactualización o las páginas están demasiado gastadas y oscuras para ser utilizados.

Miss Shirley, whose official title is library coordinator, is not above mining connections to score good books for her staff of librarians. She is president of the Maryland Library Association, and she seeks appointments to organizations that she can lean on for help. “I run my mouth a lot,” she says. /La sra. Shirley, cuyo título oficial es coordinador bibliotecario, no sólo trata explotar las conexiones para lograr buenos libros para su grupo de bibliotecarios. Ella es presidente de la Asociación de bibliotecarios de Maryland y busca entrevistar organizaciones en las que respaldarse para obtener ayuda. “Hago mover mi lengua muchísimo,” dice.

She ran it last year with the One Maryland One Book program, landing copies of “Outcasts United” for prisoners, who then discussed the book at a meeting with author Warren St. John. “I didn’t get down on my hands and knees and beg,” Miss Shirley says, “but I did charm them.”/Llevó a cabo el año pasado el programa “Un Maryland, un libro”, entregando ejemplares de “Los descastados unidos” a los presos, quienes a su vez trataron el libro en una reunión con el autor Warren St. John. “No me arrodillé para rogar”, dice la sra. Shirley, “pero los convencí.”

Roughly 7,000 new prisoners sign up for library privileges every year, according to state statistics. There are about 199,000 items in monthly circulation. The libraries look little different than an elementary school’s facility. The shelves are low. The Dewey Decimal System is in operation. Posters for the National Book Festival hang on the wall, even though these library patrons won’t attend. /Casi 7000 nuevos presos se inscriben en la biblioteca anualmente, según las estadísticas estatales. Hay cerca de 199.000 elementos en la circulación mensual. Las bibliotecas son ligeramente diferentes a las de una escuela primaria. Las estanterías son bajas. El sistema decimal Dewey está en funciones. Los carteles del Festival nacional del libro cuelgan de la pared, aunque estos usuarios no concurran.

Miss Shirley has found that leisure reading among prisoners — when they aren’t doing legal research — has held relatively steady. Urban novels are popular. So are romance novels by Jackie Collins and Eric Jerome Dickey. “A lot of guys in relationships, they read that stuff to tap their sensitive aspects,” says Heslop, the inmate from Silver Spring./La sra. Shirley ha encontrado que la lectura recreativa– cuando los presos no se encuentran realizando investigación legal – se ha mantenido relativamente constante. Las novelas urbanas son populares. También las románticas de Jackie Collins y Eric Jerome Dickey. “Un montón de muchachos con una relación, leen este material para conectarse con sus aspectos más sensibles,” dice Heslop, el preso de Silver Spring.

Westerns are popular for their depiction of old-time lawlessness. Thrillers are also in high demand. /Las novelas de vaqueros son populares por su descripción de forajidos de otras épocas. Las de suspenso son también de gran demanda.

“It’s like people reading Dean Koontz on a plane,” says Larry Sullivan, a John Jay College of Criminal Justice professor and expert on prison reading. “It’s easy. It’s like candy. But reading almost anything is better than reading nothing. You’d rather have someone reading a novel than hanging around the yard stabbing someone.”/ “Es como la gente que lee a Dean Koontz en el avión,” dice Larry Sullivan, un profesor de John Jay College de justicia penal y experto en lectura en la cárcel. “Es sencillo. Es como una golosina. Pero leer casi nada es mejor que leer nada. Uno prefiere que alguien lea una novela en lugar de dar vueltas por el patio y acuchillando a alguien.”

Miss Shirley says library users tend to be better behaved and more focused on their future, even if, like Heslop, they will likely spend the rest of their lives behind bars. His favorite magazine: Entrepreneur. “You might read a story in there of a person being poor, sleeping on the street, but they had an education and they knew where to go to elevate themselves,” he says. “It’s very encouraging.”/Miss Shirley dijo que los usuarios de la biblioteca tienden a comportarse mejor y estar más enfocados sobre su futuro, si, al igual que Heslop, ellos probablemente pasen el resto de sus vidas detrás de las rejas. Su revista preferida. Emprendedor. “Uno puede leer allí una historia sobre una persona pobre, que duerme en la calle, pero que tiene una educación y que sabe adónde ir para elevarse,”dice. “Eso es muy alentador.”

Prisoners, he says, look forward to library visits. If a guard yells “library day” in the cellblocks, he says, inmates pipe up and bang on their doors: “Cell 45! Cell 42! Everyone wants to come. It’s like you are not even in prison anymore. You feel like you are uptown in the library. There are no bars in here.”/Los presos, dice, esperan la visita a la biblioteca. Si un guardia grita “día de biblioteca” en la sección, los presos gritan y golpean sus puertas: ¡”Celda 45! ¡Celda 42! Todos quieren venir. Es como que uno no está más en la cárcel. Uno cree que está en la biblioteca del centro. Allí no hay rejas.”

Glennor Shirley, head librarian for Md. prisons, believes in books behind bars

Video: Glennor Shirley, library coordinator for Maryland Correctional Education Libraries, explains that prisoners who come to the library have choices about how to spend their time. /Glennor Shirley, bibliotecaria en jefe de las cárceles de Maryland, cree en los libros detrás de las rejas. Video: Glennor Shirley, coordinadora bibliotecaria de las bibliotecas educativas carcelarias, explica que los presos que van a la biblioteca pueden elegir cómo pasar el tiempo.

FUENTE: aquí

TRADUCCIÓN: María Cristina Alvite, bibliotecaria en contextos de encierro, experiencia “Bibliotecas Abiertas” y Red Girasoles.

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