Positiva experiencia con la poesía en la cárcel

Seguramente en sus orígenes, el hombre sintió la necesidad de diferenciarse del resto de los mamíferos, al darse cuenta de que poseía capacidad de raciocinio. Descubrió que su vida era muy monótona si se limitaba sólo a cazar para vivir. Comprendió que debía alimentar el espíritu e inventó el arte. El dibujo, la pintura, la música, la danza se convirtieron en sus manifestaciones primarias. Con la invención de la escritura nació luego la poesía, el teatro, la filosofía. Se suele decir que en cualquier situación de encierro, el arte nos permite salir de este y volar con la imaginación y materializarlo de alguna manera.

Español: Escudo de la provincia de Tucumán, Ar...
Image via Wikipedia

En los últimos días de diciembre pasado, un hecho positivo se cristalizó en la cárcel de Villa Urquiza: Se presentó “Alquimia”, una publicación que reúne más de 30 poemas de presos. El acto se realizó en el marco del II Encuentro “Alquimia, poetas en prisión”, que reunió a escritores y artistas con los reclusos del penal, organizado por la Asociación Civil Crecer Juntos el Ente Cultural de Tucumán, la Dirección de Institutos Penales, la Dirección de Cultura de Tafí Viejo y la de Concepción. En esa oportunidad, los organizadores contaron que la idea de generar poesía en las cárceles se había iniciado a fines de agosto pasado y, entre otros objetivos, se proponían involucrar a la comunidad carcelaria en un proyecto para poner en contacto con expresiones del arte y la cultura a los autores de la poesía del medio local con las expresiones del arte y la cultura de la cárcel.

Los presos (participan también mujeres, alojadas en la Unidad 4) les escriben a sus madres, esposas, hijos, novias sobre el amor, la libertad, la esperanza. “Me emocioné cuando leí el poema. No sé si fue la soledad o la necesidad de estar en mi familia, pero aquí descubrí que me gusta escribir”, dijo uno. “Me tranquiliza, es como una terapia. Algunos me dicen que tengo talento, pero qué sé yo. Tengo 10 o 12 poemas escritos, y ahora estoy trabajando en otros”, sostuvo otro recluso. “Llevo 18 años y medio aquí. Conozco todo lo que pasa. Que algunos encuentren en esta actividad una manera de estar libres, aunque sea un ratito, no tiene precio”, afirmó otro.

“’¿Para qué enseñar poesía?’, ’déle un machete’, ’tapien la puerta y quemen lo de adentro’, ’esa gente no se merece nada, hicieron mucho daño a la sociedad’. Frases que flotan en el ambiente de cada unidad, en la tripa misma de la cárcel, en la calle, en las escuelas, en el grupo de amigos, definiendo esta institución como la peor de todas. Entonces cabe la duda: ¿y por qué no?, ¿por qué no inundar de arte, reamamantar a las personas que allí habitan y permitir que ocurra lo inevitable, la revolución?”, reflexiona en el prólogo de “Alquimia”, Patricia Manca, coordinadora del encuentro.

Se trata, por cierto, de una loable y noble iniciativa para ayudar a los reclusos a expresarse a través de la palabra, como un modo de encontrarse a sí mismos y de preparar su futura reinclusión social. Sería interesante que la experiencia se ampliara promoviendo en un tiempo próximo, por ejemplo, un intercambio de poemarios entre convictos de otros puntos del país, organizando certámenes o encontrándole a esta producción -y las que seguramente le seguirán- otros espacios, como la Feria del Libro o El Mayo de las Letras. “Siento soledad si pienso en mis seres queridos. Mi amor está en agonía. Cuando silba el viento revive mi alma”, se puede leer en el poemario.

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