Discurso de Leticia Barbero al graduarse en Córdoba con el postítulo de especialización en “Educación en Contextos de Encierro”

La educación en contextos de encierro es un campo relativamente nuevo, un área en construcción, tanto en su dimensión práctica y más aun en su dimensión teórica. Ciertamente, los espacios de formación específica para sus trabajadores eran escasos hasta el presente, si no inexistentes. Por ello, esta Especialización que hoy culmina su primera cohorte era una deuda de política educativa que consideramos ha comenzado a saldarse, dando la pauta de un reposicionamiento del Estado en cuanto a su responsabilidad de proveer educación en estos contextos, que implica incluir entre sus obligaciones la formación de educadores capaces de asumir los nuevos desafíos delineados en la Ley de Educación Nacional.

La realización de este trayecto formativo tan demandado por quienes trabajamos en estos contextos nos ha brindado la posibilidad de reflexionar críticamente sobre nuestras prácticas, de acceder al conocimiento de nuestros derechos como trabajadores y de los derechos de nuestros alumnos, habilitando nuevas posibilidades que nos permitan diseñar estrategias alternativas, coherentes a los desafíos institucionales, laborales y pedagógicos que los trabajadores debemos afrontar en la cotidianidad de la escuela y las aulas en instituciones de castigo.

Este postítulo además, ha sido un modo de visibilizar la tarea de los trabajadores en estos contextos privativos de libertad. No nos referimos sólo a hacer visible hacia afuera la realidad de las cárceles sino hacer visible nuestra propia actividad a nosotros mismos: docentes, directivos, agentes del servicio penitenciario, equipos técnicos, alumnos, es decir, todos los actores involucrados en esta práctica.

En este sentido, consideramos que este trayecto nos ha permitido realizar un ejercicio de reflexión profunda que puede posibilitarnos significar y encontrar “sentidos” a nuestro trabajo cotidiano. Más aun en un contexto donde las instancias para reflexionar sobre la propia práctica se encuentran en general ausentes y lo habitual es, por el contrario, la naturalización y la ausencia de una actitud crítica y dialógica.

También en este aspecto la experiencia ha sido positiva y enriquecedora, pues nos ha permitido compartir experiencias y saberes con trabajadores de las distintas áreas con quienes compartimos la tarea cotidiana, con compañeros de otras instituciones, de otras ciudades y provincias.

Ahora bien, puesto que quien está satisfecho no puede enseñar ni puede aprender, es preciso mencionar que esta experiencia formativa ha tenido algunos inconvenientes organizativos que será necesario mejorar en futuras cohortes, a fin de que la propuesta sea superadora. Como expresó una compañera en el foro virtual, con esta experiencia “estamos cambiando la historia, no vamos a encontrar flores en el camino, ya lo sabíamos, pero vamos a dejar el sendero para que los que vienen, transiten por el camino del respeto, los jerarquicen, por los méritos propios, proyectos, calidad de persona, por lo que ofrezcan de positivo a su lugar de trabajo”

Ya lo sabíamos, este no era un curso más, donde escucharíamos pasivamente a un docente exponer sus teorías. Para ser significativo, este era desde un inicio un espacio de construcción colectiva. Creemos que hemos avanzado en este sentido, hemos aprendido que pensar la práctica es la mejor manera de perfeccionar nuestro trabajo. Pensar la práctica a través de la cual se va reconociendo la teoría implícita en ella, y en este camino, casi sin saberlo, nos hemos ido apropiando de un discurso teórico propio.

En este camino, hemos accedido a saberes, teorías, paradigmas, conceptos, que permiten mirar la realidad de nuestras instituciones. Hemos podido identificar, desde la teoría pero sustentado en nuestras experiencias, que en estos contextos existen una diversidad de tensiones y condicionamientos para el desarrollo de la tarea educativa. Y sin embargo, creemos que centrar nuestras mirada sólo desde estos condicionamientos, obstáculos y contradicciones, cristaliza situaciones que surgen de procesos dinámicos y no nos habilita posibilidades de transformación. Por el contrario podemos identificar, tanto en nuestros alumnos como en los trabajadores, en las instituciones y en las comunidades de las que la cárcel forma parte, una serie de fortalezas y potencialidades, que abren caminos de cambio.

En este sentido resulta fundamental revalorizar la Escuela, que aún en estos contextos, puede constituirse en un espacio real de acceso a nuevos contenidos, conocimientos, maneras de razonar como de comprender la realidad para hombres y mujeres que, en situación de encierro, aceptaron el desafío de retomar sus estudios. Esta Escuela, en definitiva, puede contribuir al desarrollo activo de la ciudadanía,  brindando la posibilidad de transitar experiencias inclusivas y dignas.

Entendemos que la escuela en contextos de encierro es quizás la última oportunidad de emprender el camino educativo como un acto anti-destino para la mayoría de nuestros alumnos, atravesados por trayectorias de vida en general, y escolares en particular, signadas por múltiples “fracasos” que nos interpelan como sociedad. Por ello, la Educación en Contextos de Encierro debe dirigirse esencialmente a remediar en nuestros fracasos individuales y colectivos. Esto requiere necesariamente de un contexto político, social e institucional que se oriente en tal sentido, pero ante todo requiere de trabajadores comprometidos. Porque la reparación, entendida como restitución de derechos vulnerados, se juega tanto en el nivel ministerial como en el de las prácticas cotidianas de cada escuela, de cada aula.

Ciertamente, no es suficiente la mera enunciación del compromiso político-educativo si éste no se hace acción, si éste no se vuelve práctica concreta. El compromiso vuelto acción requiere imaginar, buscar, construir, compartir las mejores “estrategias político-pedagógicas” para remediar las situaciones de iniquidad social que albergan la gran mayoría de nuestros alumnos.

Consideramos que estas estrategias orientadas a una educación anti-destino sólo podrán ser construidas por educadores formados, solidarios, comprometidos, atentos a sus prejuicios y naturalizaciones, esperanzados críticamente, confiados en las posibilidades de transformación propias y de sus alumnos, capaces de pensar y pensarse, capaces también de actuar en la tensión y la incomodidad presente en estos contextos, dispuestos a construir colectivamente y a reflexionar siempre sobre el camino recorrido.

Dice Paulo Freire: Sin poder siquiera negar la desesperanza como algo concreto, y sin desconocer las razones históricas, económicas y sociales que la explican, no entiendo la existencia humana y la necesaria lucha por mejorarla sin la esperanza y el sueño. (…) Necesitamos la esperanza crítica como el pez necesita el agua incontaminada. (…) La esperanza necesita de la práctica para volverse historia concreta. Por eso no hay esperanza en la pura espera, ni tampoco se alcanza lo que se espera en la espera pura, que así se vuelve espera vana”

De sueños y esperanzas nos habla Freire, y en esa línea, como trabajadores comprometidos con la educación liberadora en las cárceles soñamos con cosas que hoy parecieran imposibles…

Soñamos que en nuestras escuelas formemos realmente para el trabajo, pero no sólo para el mercado de trabajo, sino para crear otros mercados, otras opciones de trabajo más justas y solidarias.

Soñamos que los momentos de visitas, tan valiosos y vitales para nuestros alumnos, puedan ser también momentos educativos, donde los padres y madres enseñen a sus hijos, compartan sus tareas, aprendan juntos.

Soñamos que nuestros alumnos privados de libertad puedan acceder a sus netbooks y a internet como todos los demás alumnos del nivel medio en nuestro país.

Soñamos que los alumnos de carreras docentes tengan opción de realizar sus prácticas en escuelas en contextos de encierro, para que los nuevos educadores ingresen con mejores herramientas. Y aun más, soñamos que nuestros propios alumnos tengan la opción de cursar carreras docentes y ser ellos mismos educadores en el futuro.

Soñamos que el arte y la cultura en todas sus expresiones puedan ingresar sin censuras a nuestras escuelas en cárceles, que nuestros alumnos puedan producir también ellos arte y cultura.

Soñamos que las universidades sean cada vez más parte de nuestras escuelas, que  brinden a los trabajadores una formación integral  y se nutran de sus experiencias, que la educación en contextos de encierro sea más que un seminario optativo en las carreras de formación de formadores, que las universidades brinden a nuestros alumnos reales posibilidades de acceder a todas las carreras.

En definitiva, soñamos con hacer hoy lo que es posible hoy, para hacer mañana lo que parece imposible hoy.

Muchas gracias.

Prof. Letizia Barbero

Prof. Margarita Rivella

8 thoughts on “Discurso de Leticia Barbero al graduarse en Córdoba con el postítulo de especialización en “Educación en Contextos de Encierro”

  1. COlo, MArga, buenísimo !!! Un abrazo compas

    Les cuento que el año pasado por primera vez en nuestra historia escolar, en la EEM N°8 Padre Carlos Mugica de Junín Anexo UP 16 tuvimos un practicante del profesorado de filosofía haciendo se residencia áulica.

    Saludos

  2. Sin palabras, todo dicho…sueño tus mismos sueños, cada vez que ingreso al penal de la Unidad 3 de Ezeiza a construir conocimiento con mis chicas.
    Abrazo y hay mucho por hacer y soñar!

  3. Desde Asociacion por la vuelta clara, cuya tematica es “la sobrevida” intra muros y su Vida de sobreviviente al salir. Un infinito gracias por Involucrarse

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