Proceso de exclusión e inclusión social: Alternativa de trabajo grupal en la elaboración del trauma social

Ruth Ospina Salazar (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)
Quisiera introducir el tema recordando el origen de los Estados de Bienestar, como salida bien intencionada del estado frente a los males que aquejan a la sociedad y lo que se ha generado en un proceso neoliberal, respecto a estos supuestos “Estados de Bienestar” para comprender mejor los fenómenos de exclusión. A partir de esto, poder pensar el fenómeno inverso, la inclusión social a través de la elaboración del trauma social teniendo en cuenta los dispositivos grupales como alternativa terapéutica.
Al terminar la segunda guerra mundial. En gran Bretaña, el partido laboralista de Clement Attlee gana las elecciones al primer ministro saliente, el conservador Winston Churchill. El nuevo primer ministro anuncia entonces la puesta en marcha del Estado de Bienestar, tal y como había sido definido en el primer informe Beveridge de 1.942.
En 1.944, esta persona, es elegida en la cámara de los comunes en representación del partido liberal. Éste desarrolló numerosos estudios relacionados con temas económicos, especialmente sobre empleo y seguridad social, lo que lo llevaría a ocupar cargos oficiales y académicos. Su informe sobre seguridad social, fue el punto de partida del Estado de Bienestar en el Reino unido y más adelante este programa marcaría las pautas para los Estados de Bienestar de otros estados europeos.
Berveridge, identifica los grandes males sociales: la necesidad, la enfermedad, la ignorancia, la miseria y la ociosidad o vagancia y frente a ellos propone cinco programas, no correlativos pero si incidentes en estos males, que eran: la seguridad social (monetaria), la sanidad, la educación, la vivienda y la política de pleno empleo. Lo que sería en realidad, la riqueza de las naciones. En aquel momento, no se incluyeron los servicios sociales porque eran asuntos de los condados de la administración local y los políticos estaban acosados por los problemas de la sociedad industrial en la coyuntura adversa de la segunda guerra mundial.
Los servicios sociales hace cuarenta y cuatro años daba igual que fueran públicos o privados en España pues estaban destinados a la población pobre y/o desamparada.
Ahora se tiende a un enfoque universalista porque se ha tomado conciencia de que el común de la población puede tener necesidades.
En sociedades donde la competitividad es un valor central, los mecanismos de exclusión constituyen una regla de juego elemental y necesaria. La competitividad es por naturaleza excluyente, por eso, niños, ancianos, mendigos, inmigrantes, indígenas, minusválidos, deficientes, etc. Fácilmente se convierten en excluidos. Es la aplicación más cruel, en lo humano, de la visión biologicista de la lucha por la supervivencia; es la condena de los seres más vulnerables a la otredad, lo repudiable y deleznable.
¿Cuáles y cuál debe ser la finalidad de la intervención psicosocial frente a la exclusión?: ¿la inserción, integración, inclusión?, ¿los procesos de inserción o procesos de desarrollo?
Empezaré para ello por diferenciar el concepto de marginación y exclusión.
En la marginación, el individuo está socialmente aislado o en situación de inferioridad, por voluntad o circunstancias ajenas a él. En algún momento y lugar la marginación ha sido voluntaria. El que no quiere estar en el sistema por rechazo o descontento o rebeldía se sitúa al margen.
En la exclusión, se queda fuera de… Una persona, un colectivo, un sector, un territorio está excluido sino pertenece a… no se beneficia de un sistema o espacio social, político, cultural, económico, al no tener acceso al objeto propio que lo constituye: relaciones, participación en las decisiones, en la creación de bienes y servicios por la cultura y la economía, etc.
Hablar de exclusión es dejar constancia de que el tema no es la pobreza y la desigualdad en la pirámide social, es expresar en qué medida se tiene o no lugar en la sociedad, marcar la distancia entre los que participan en su dinámica y se benefician de ella, y los que son excluidos e ignorados fruto de la misma dinámica social. Es la propia organización social la que elabora en su interior “poblaciones sobrantes”.
Se trata de procesos, tanto para las personas afectadas como para el cuerpo social, y no de situaciones estáticas. Las patologías de la sociedad se manifiestan en diversidad de adicciones (alcohol, tabaco, sexo, juego) y otros males como el aislamiento, la locura, la pérdida de sentido de la vida, incomunicación, agresividad y violencia que constituyen hoy la exclusión social.
La globalización económica e inducida por ella, la estructura y organización social de nuestro mundo, ha generado una dinámica de exclusión que afecta a todos los ámbitos y escalas: las dicotomías, norte- sur, centro-periferia, desarrollo-subdesarrollo, trabajo-paro, hombre-mujer, ciudad-campo, etc. Como opuestos, hace patente el fenómeno de exclusión. Cuatro de cada cinco seres humanos está excluido (PNUD, 1999).
Excluido significa no ser reconocido, tenido en cuenta, “no ser”. Los pobres, marginados y excluidos son los rostros humanos de las patologías de una sociedad enferma. La exclusión hoy es el resultado necesario y obligado de la globalización. Se concentra el poder en pocas manos cada vez más poder en menos manos. Mercado global, comercio trasnacional, los monopolios y oligopolios, fusiones y cofusiones… El pensamiento que es motor de la actividad humana material y espiritual, se ha reducido a pensamiento único. No tenemos tiempo para pensar y reflexionar pero además tendríamos que someternos a la ideología de los que detentan el Poder, por la vía de la propaganda y de la educación, sin tener que recurrir aparentemente a los mecanismos represivos del estado para no ser tildados de violadores de los derechos humanos.
El pensar es suplementado por la cultura informática que deviene en una sociedad muy informada para conformar. La utopía no tiene lugar, porque ya se ha hecho realidad lo que parecía imposible, por algo Francis Fukuyama, nos hablaba del “Fin de la historia” y el “Último Hombre”. ¿Globalización de qué?, lo que se ha globalizado y extendido es la exclusión
Las características estructurales del sistema social globalizado tienen que ver con los siguientes factores:
1- ESTRUCTURAL
• Salida del mercado laboral, con secuelas de paro, subempleo, empleo precario, sumergido, etc. Esto es decisivo para generar y reproducir exclusión social, pues la organización social se orienta sobre la centralidad del trabajo.
• Desequilibrio en la distribución de la renta que intensifica el empobrecimiento.
• Desprotección social al quedar fuera de la estructura social normalizada que está vinculada al trabajo básicamente.
2- CONTEXTOS SOCIALES
Generan y albergan la exclusión, los elementos que los conforman son:
• -Las transformaciones demográficas que tienen una fuerte incidencia sobre la familia y las unidades de convivencia, con lo que se debilitan los lazos que derivan en desvinculación, disgregación, y frecuentemente en ruptura. El individualismo ahoga lo comunitario o la estructura demográfica ha cambiado, cada vez mayor número de personas se tendrán que apoyar en menor número de personas activas.
• -La cultura popular que sirvió de cohesión a las clases populares a base de pautas compartidas se fragilizó hasta el extremo de perder su sentido. Las relaciones culturales tejían redes, creaban vinculaciones.
• -La lógica neoliberal trata de romper la solidaridad primaria expresada en los servicios de proximidad, que comprenden un conjunto de prestaciones y ayudas, destinadas a cubrir cuidados personales, domésticos y sociales con el objeto de posibilitar que las personas puedan continuar en su entorno familiar como son las prestaciones domicialiarias:
* Ayuda Domiciliaria
* Teleasistencia
* Rehabilitación Domiciliaria
Así como los llamados Servicios Sociales Intermedios (Centros de Día), que en contraposición con los Centros Residenciales tienen como objetivo la permanencia de las personas, que los requieren, en su entorno habitual.
3- LA SUBJETIVIDAD
El tercer escenario, está tejido por elementos subjetivos que aluden a la personalidad. Existen situaciones personales: ausencia de afecto y amor, falta de comunicación, ausencia de expectativas que debilitan y erosionan los dinamismos vitales: afectividad, confianza, identidad, reciprocidad, autoestima… que cristalizan en:
• -La pérdida de significaciones y sentido de la vida
• -Ausencia de expectativas y pérdida de futuro, situación que genera y acentúa, las estructuras de impotencia que derivan en: anomia, pasividad, abandono de todo intento de superación, y desenganche de los procesos de socialización. Domina en el imaginario colectivo, la ideología de lo inevitable, no sólo entre los excluidos, sino también entre los incluidos, todos de alguna manera experimentamos la impotencia decretada por los centros ideológicos del poder.
Recuperar la dimensión subjetiva de la exclusión aporta elementos esenciales para producir solidaridad y acreditar su práctica, ayuda mutua, con la creación de lazo social.
La exclusión demanda la práctica solidaria de la ciudadanía para la creación y fortalecimiento de los mundos vitales, amistad, reconocimiento, aceptación, redes sociales, contextos habilitantes, etc.
Las personas y colectivos en proceso de exclusión, están dispuestos a trabajar por su incorporación mucho más de lo que pensamos y esperamos. Conviene tenerlo en cuenta para no perder ese potencial.
Por el camino que se llega a la exclusión pero a la inversa, hay que tratar de incluir, teniendo en cuenta donde radica la exclusión. La creación de contextos habilitantes, mediante la práctica solidaria consistirá en la transformación de la persona-objeto-destinataria, en persona-sujeto-actora de su desarrollo con sus capacidades, virtualidades y potencialidades.
Para el camino inverso a la exclusión, retomaré la intervención terapéutica en grupos para la elaboración del trauma social, teniendo en cuenta el enfoque transgeneracional con los grupos de Reflexión y las redes sociales.
EL TRAUMA SOCIAL
Permite estas preguntas: ¿Quién soy hoy?, ¿Quién seré mañana?, ¿En manos de quién estoy?, ¿Qué quiere el Otro social de mí?
La violencia es traumática y lo traumático está ligado a un vínculo que viola el espacio mental, relacional y social. Lo traumático es vincular y se transmite en el vínculo a las generaciones siguientes en la medida que no puede ser pensado ni tener acceso simbólico.
En 1893, decía Freud, en el trauma, el síntoma es el afecto del terror”. La primera forma de angustia está ligada a la inermidad.
Inermidad que vivenciamos ante los hechos de violencia en la historia social, familiar, laboral… de cada uno, expuestos indefensos ante el deseo de muerte del otro. Identidad de uno/des-identidad de otro. Ser reconocido o no como sujeto: en ello está tanto la posibilidad de construir el propio narcisismo, cuerpo erógeno, soporte indispensable de la estructuración subjetiva, asi como la posibilidad de su abolición como sujeto.
La corrupción, el abuso de poder de unos sobre otros ya sea en el espacio social o familiar se relaciona con violencia e impunidad, donde todo vale reina la anomia; trauma social.
Lo no simbolizado, lo no dicho, lo denegado, lo reprimido, lo impensado, forma parte del llamado “olvido”. M. Enriquez plantea que: “los mecanismos de la memoria individual están en interacción constante con los de memoria colectiva, sin los cuales no podrían funcionar.(Enriquez,1.987).
La rememoración, la remembranza designa la correlación entre la memoria y la relación entre sujetos, o sea la intersubjetividad. La reintegración entre los miembros de las personas dispersas, estalladas, desligadas por la acción de la violencia y la exclusión.
El trauma produce ruptura de los vínculos, cuando la fuerza de la violencia se impone, la memoria es borrada, son historias que portamos y no podemos inscribir en nuestra cadena integradora, entre nuestros pares, nos dividimos, estallamos y no recordamos.
En la remembranza es necesario recordar en conjunto, dentro de un grupo: recurrir a otras voces para asegurar la supervivencia de la propia. Re-memorar es recordar entre muchos, traspasar versiones, emociones, pensamientos, hasta que se logre la construcción de sentido común.
La modalidad entre los distintos discursos de los miembros de un grupo, recurre a memorias cruzadas, que dejan las huellas de la presencia del otro en su ausencia misma.
Permitir la elaboración y transformación de las herencias sociales negativas legadas por sus antepasados en el contexto social puede servir de ordenador, puede dar sentido a aquello que ha quedado vacío de significado en la familia. La representación de esto en el imaginario social son las leyes, los monumentos, las leyendas, los recordatorios y todos aquellos testimonios del pasado que dan cuenta de la trama de una historia social tejida con el tiempo.
La memoria colectiva puede ser el soporte, el continente, que viene a significar lo que ha quedado vacío en la memoria individual. A su vez los agujeros en la memoria colectiva, desencadenan violencia y alienación en los sujetos y en sus familias.
La angustia traumática se relaciona con el desamparo, la inermidad, que puede repararse o reforzarse de acuerdo a la respuesta del entorno social cuando el trauma fue provocado por humanos contra humanos.
Pero cuando el agente de violencia es a la vez condición para sobrevivir (trauma sexual precoz o trauma histórico), el deseo de muerte psíquica o material pesa como sentencia, y el destino será autodestructivo o destructor. De no mediar una relación con otro u otros, que desnaturalicen y reconozcan esas violencias. El reconocerse y ser reconocido como parte de un vínculo donde prevalece el deseo de vida, permite tomar lugar en la cadena de las generaciones, y permite no sucumbir a la sumisión, o pacto adaptativo de la violencia. Pudiéndonos liberar como Prometeo de las cadenas que nos hacen hoy aislar o acostumbrarnos a las violencias sociales y familiares.
Cuando las presiones ejercidas sobre un sujeto, secuestrado, encarcelado o aislado son permanentes, este termina debilitado en su aislamiento, si fuera de esto ha tenido prácticas prolongadas de sobreexigencia, carencias, humillaciones y otras torturas, se crean las condiciones para que los lazos sociales se disgreguen, con graves daños para la subjetividad. El sujeto no tiene posibilidades de inscribirse en un circuito de intercambio simbólico, que el trabajo y las relaciones afectivas sostienen. Estos individuos frente a reclamos o exigencias imposibles de cumplir, como puede ser el caso de pagar una deuda impagable para él, por su situación de desempleo o sencillamente porque no tiene los recursos, una vez sale de su situación de privación, hay dos posibilidades: o la rebelión con el riesgo de muerte que implica, o el sometimiento y la identificación masiva. Frente a la demolición psíquica y con los lazos disgregados, con sentimientos de inexistencia, el sujeto se desestructura subjetivamente.
La dimensión psíquica es la articulación de los tres espacios psíquicos, el intra, inter y transubjetivo. Estos se articulan permanentemente en la constitución del sujeto humano. El vínculo con el otro me constituye.
De acuerdo a las teorizaciones de J. Puget y Berenstein hablaré de la noción de vínculo. Ellos parten de la hipótesis de que los sujetos se constituyen en un vínculo. La vincularidad y la pertenencia a un vínculo son consideraciones necesarias para la construcción de la subjetividad. El sujeto se construye con simultaneidad desde un trípode. Cada uno con una representación específica. En uno de ellos se ubican las representaciones configuradas a partir de la ausencia, la vivencia de desamparo, desde donde se construyen las relaciones objetales (intrasubjetivo). En otro, están las representaciones de la presencia de otro (Intersubjetivo), y en otro pilar las representaciones generadas a partir de la relación de un sujeto con un conjunto, y viceversa además de otros conjuntos (transubjetivo), que se transmiten por la cultura.
“Partir del supuesto de una representación simultánea de tres tipos de representaciones, hace imposible derivar la representación vincular de la relación objetal, y de su sustento, “la vivencia de desamparo”. Pensar la presencia de otro y de otros como constructores de subjetividad, es el punto teórico más importante propuesto por la riqueza del psicoanálisis vincular.
Desde este enfoque se privilegian tanto las representaciones cuyo motor es el desamparo y la ausencia, como aquellos provenientes de la imposición de una presencia.
Cuando la realidad del otro genera vínculos enfermantes y no creativos, puede indicarse el análisis en presencia de ese otro u esos otros, (pareja, familia, institución).
Desde el nacimiento se ocupa un lugar en un vínculo de sangre y en un conjunto social. La estructura social y familiar preceden al sujeto y cada uno tiene sus modalidades propias de funcionamiento. La comunicación implica la construcción de un código, de un lugar y de la manera de ocupar ese lugar, en la pareja, en la familia, en los grupos, o sea la manera de pertenecer. No se puede no comunicarse con otro, ni no pertenecer a una configuración vincular, de acuerdo a P. Aulangnier, j. Puget (1.991) estamos condenados a pertenecer.
La pertenencia y el cómo es reconocida esta relación, aseguran la subsistencia psíquica de un sujeto. El reconocimiento es uno de los pivotes que estructuran y pueden desestructurarlo.
Todo sujeto necesita una constante reafirmación de su existencia y una confirmación de su autoestima, resultante de sus vínculos (pareja, Familia, grupo, instituciones). Ser desconocido en un vínculo laboral puede ocasionar en el sujeto la necesidad de exigir en otro vínculo el resarcimiento por el desconocimiento sufrido. En la clínica de parejas o familias se encuentran síntomas de una de las configuraciones, pareja o familia cuyo origen proviene de otro lado. En estos tiempos de crisis, inestabilidad social y amenaza, las familias, parejas y las instituciones hacen eclosión. La confirmación de la existencia, el reconocimiento y la confirmación de la autoestima, son un potencial enriquecedor o un peligro enloquecedor en los vínculos. Según como somos mirados y pensados por otros se conforma nuestra mismidad, o sea, la vivencia de dolor que se produce en el corte con “el cuerpo de la madre” y tiñe los vínculos.
Los dispositivos grupales, constituyen un instrumento privilegiado para el trabajo elaborativo del impacto traumático, es decir, permite integrar a partir de la interpretación superando la resistencia que ésta suscita, favoreciendo la no repetición de mecanismos defensivos en el procedimiento colectivo de la situación traumática.
Las personas concurren al grupo, no para comprender en general las vicisitudes de la subjetividad de la época, sino a los efectos de comprender aquello que sienten como obstáculo en su vida, que les produce desconsuelo y pesadumbre y que afecta sus relaciones interpersonales.
El concepto de trauma, implica un exceso de estímulos que el psiquismo no alcanza a elaborar, produce un impacto desorganizador de la vida psíquica. El trauma afecta el psiquismo y simultáneamente se tramita en el plano de la subjetividad.
La subjetividad y su producción son los distintos modos de dar significado al mundo, las distintas maneras de percibir, pensar y sentir, las diferentes formas de existencia y de vida.
La subjetividad es una producción histórico-social. No es una naturaleza en si interior al sujeto o esencia del mismo. Como construcción histórica y social la subjetividad es una formación que corresponde simultáneamente al sujeto singular y al conjunto.
La problemática de la elaboración del trauma está vinculada muy especialmente al sentido que este adquiere para cada persona y a la posibilidad de encontrar y mantener apoyos adecuados para el psiquismo. Pero tanto el sentido individual del trauma como la posibilidad de mantener u obtener los apoyos adecuados, están vinculados al procedimiento colectivo de la situación traumática.
En el acontecimiento traumático, la fortaleza del yo y de las condiciones previas de personalidad, factores indudablemente importantes, la comprensión de la situación, el posicionamiento ideológico previo, el sentirse parte de un conjunto que en el plano social comparte un proyecto, tienen importancia en cuanto a la incidencia de la situación traumática en la subjetividad y a la posibilidad de prevención personal.
Los veteranos de la segunda guerra mundial recibieron un reconocimiento social que implicó una reparación simbólica y generó condiciones favorables para la elaboración del trauma individual, su acción durante la guerra podía tener una lectura, una apuesta en sentido, social y personal.
En cambio, los veteranos de Vietnam o Irak, en una situación de repudio social a su accionar, que reforzaba su propia percepción, no contaron con el apuntalamiento necesario para el trabajo elaborativo, y ante la angustia de no asignación, las actuaciones de violencia sin sentido fueron resultado frecuente.
En el caso de los veteranos de las islas Malvinas, en las que no hubo reconocimiento oficial, incluida la reparación económica, fué notable el porcentaje de suicidios.
En todas estas situaciones está comprometida la autoestima.
También tiene importancia en este sentido, la respuesta o la dificultad de respuesta del sujeto. En el trabajo del duelo hay un momento de auto-cuestionamiento respecto a la conducta asumida. Se presentan sentimientos de culpa ya que la persona supone que tendrá que haber hecho algo diferente de lo que hizo para que el traumatismo no lo alcanzara.
A esto se suman los discursos sociales culpabilizantes.
La experiencia traumatizante puede encontrar elaboración colectiva en una ida y vuelta permanente con la elaboración personal. Acciones sociales, producción cultural a través del cine, la pintura, el teatro, la música, son formas de este trabajo elaborativo.
Sin embargo, hay algo de lo traumático que requiere una especificidad en su abordaje. Los dispositivos grupales son, un recurso privilegiado en esta dirección.
DISPOSITIVOS GRUPALES
En la Grecia antigua se utilizó el teatro, la puesta en escena en las tragedias, como un modo de elaboración de las situaciones traumáticas sociales y más en general, de los grandes conflictos del hombre y de la cultura.
Alrededor del núcleo traumático se concentra una actividad defensiva que interviene en la reducción o desaparición del efecto del traumatismo.
En esta zona se ubica la posibilidad de hablar.
La inducción al silencio, que ha sido utilizada como un instrumento de alienación y control social, especialmente durante las dictaduras militares, o los secuestros, han tenido incidencia en el plano colectivo e individual.
Los dispositivos grupales, que habilitan un espacio de palabra, ofrecen posibilidades de contener y ligar, personal y colectivamente. Los elementos traumáticos que fueron un factor disruptivo en la realidad psíquica.
Los grupos de reflexión operan en relación a la elaboración de situaciones traumáticas de origen social.
La consigna es : hablar espontáneamente de los temas que surjan. El acuerdo de trabajo se establece, desde el encuadre, con los aspectos adultos de los miembros del grupo.
En el trabajo intersubjetivo se produce un movimiento en el nivel “regresivo” en el que circula la fantasmática, y un nivel reflexivo, conceptualizador, que utiliza el lenguaje simbólico, que se propone comprender lo que ocurre en la vida imaginaria del grupo y construir en un trabajo elaborativo nuevos sentidos y significaciones. La tarea grupal está definida por esta propuesta de comprensión.
En estos dos modos de funcionamiento grupal hay discontinuidades y alternancias.
El trabajo grupal es un dispositivo en el que se produce una dramatización espontánea. El grupo es una escena dramática.
La dramatización espontánea no se refiere a la implementación de una técnica. Se ubica en lo que aparece como una disyuntiva. ¿A qué se da prioridad en un grupo?, a lo que se escucha, como si cerrando los ojos, pudiéramos armar un solo discurso interpretable o varios; en esta escena dramática los personajes hablan, es decir, hay discursos, pero también se ubican en el espacio, establecen dimensiones temporales, de continuidad, tienen gestos, ritmos, miradas, actitudes posturales, de cercanía o lejanía; arman todos, una piel, un cuerpo.
Se produce una puesta en escena y en palabras, se construye una estructura de roles a partir de la circulación de distintos tipos de fantasías, que tienen que ser vistas y oídas.
Se organiza una trama íntima confiable que se permite el trabajo de la subjetividad.
La situación traumática tiene un efecto arrollador de la estabilidad de ciertas defensas psíquicas, es decir, coloca al sujeto en situación crítica. El trabajo en el grupo de reflexión implica un movimiento de regresión-progresión, desestructuración-reestructuración, desidentificaciones, re-identificaciones.
Es por este movimiento que se logran nuevas inscripciones en el psiquismo.
El grupo alberga, aloja, los aspectos del sujeto en situación de sufrimiento, de indefensión. La construcción imaginaria grupal y en ella, los otros participantes, pueden contener, la angustia del sujeto.
El proceso grupal puede aportar la transmisión de una energía, una vitalidad que habilite el resurgimiento del deseo. Permite la elaboración específica de la problemática de la autoestima, afectada por la situación de catástrofe y por la identificación de discursos externos e internos culpabilizantes.
El grupo de reflexión cumple funciones intersubjetivas equivalentes que contribuyen a la restitución de la autoestima que había sido afectada.
La historización personal, grupal y social, ayuda a producir re-definiciones identitarias, ya que la identidad personal está siempre sostenida en el vínculo con los grupos y las instituciones de pertenencia.
Se desarrollan procesos de reconocimientos. De semejanzas y diferencias y la capacidad de entender y ser entendidos por los otros integrantes. Los otros son simultáneamente, un espejo que revela las semejanzas, y un elemento diferente que deberá ser reconocido. Se accede a un trabajo de simbolización. Es decir, en un trabajo grupal de esta naturaleza, se pueden pensar el pasado y el ahora desde el presente para procurar construirse un futuro distinto, y lanzarse a un proyecto diferente.
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