Maingueneau: “El arte, un discurso constituyente”

Maingueneau: “El arte, un discurso constituyente”

 

-¿Cuál es su perspectiva en el análisis del discurso?
-Dentro del espacio inmenso del análisis del discurso ocupo mi pequeño lugar, que es una mezcla de lingüística y enunciación y problemática foucaultiana, y también de preocupaciones un poco antropológicas sobre los discursos fundadores de una sociedad específica, el discurso filosófico, el literario, el político, etc. Así que, mi especialidad no es como la de la mayoría de los analistas del discurso que se ocupan más de la oralidad. Por el contrario, yo me dedico más a estudiar los textos que tienen fuerza y sentido para una comunidad. No soy un microsociólogo, mi enfoque está más dedicado a los discursos que dan identidad a la gente.

-Dentro de ese campo, ha sido muy leído aquí todo lo que usted dice en cuanto a la reformulación del concepto de género.
-El género es una de las pocas nociones, diríamos, “consensuales”. Quiero decir que en Europa, América, en el mundo, casi todos tienen la misma definición del “género” como dispositivo de comunicación con sus parámetros, como los papeles de los participantes, el soporte, etc. Hay una cierta cooperación entre los diversos países sobre este tema, pero es verdad que cada uno tiene su manera propia de abordar el tema y yo insisto mucho sobre lo que llamo la “escena de enunciación”. Quiero decir que, para mí, la noción de género no es sólo sociológica; no se trata sólo de describir las condiciones sociales (por ejemplo, lo que estamos haciendo ahora es un género, si pudiera escribirlo con un punto de vista comunicacional y sociológico). Lo que me interesa más es la escenificación, la escena que estamos construyendo a través de la propia palabra, porque un discurso, un género, es siempre al mismo tiempo un cuadro y un proceso, y el proceso tiene que justificar su cuadro, es ese movimiento el que me interesa.

La crítica de arte y las instituciones

-¿Cómo tiene en cuenta en su teoría la dimensión de las instituciones en el campo de la crítica de arte?
-Para mí, el discurso estético, quiero decir el arte, es uno de esos discursos que llamo “constituyentes”, como la filosofía, o la religión. Son discursos hechos para decir a los hombres lo que son, y como los hombres nunca saben lo que son, no hay fin. Hay siempre creadores y autores nuevos. Pero la crítica participa en realidad de un fenómeno más amplio, porque esos discursos que llamo “constituyentes”, sean religiosos, filosóficos, literarios, o el arte, digamos la plástica, son discursos que no existen sin un comentario, es decir que, para mí, el comentario y la obra son creados al mismo tiempo.

Me opongo totalmente a la visión romántica del creador que hace una obra genial y después hay críticos que comentan la obra. Yo creo que, en realidad, la literatura empieza cuando hay críticos, es decir, que hay normas de validación que son interiorizadas por los creadores. Porque un creador es una persona que interioriza, que anticipa las normas de recepción y que, a través de esas normas construye su propia obra. Yo no creo que la crítica sea un fenómeno marginal y, al contrario de lo que piensan los creadores que consideran que los críticos son parásitos, en realidad no es verdad, porque cada autor es creador y es también un crítico: critica a los otros, se critica a sí mismo y está siempre dialogando de manera implícita con un público virtual. Y después, cuando hay una crítica, él se adapta, se ajusta en función de la crítica que recibe. Es un proceso dinámico, nunca diría que la crítica es un fenómeno periférico.

-En sus escritos sobre literatura ¿cómo observó la dinámica entre la crítica y el arte?
-Yo no creo que en literatura sea más evidente que en la religión o el arte plástico. Es lo mismo, ¿qué sería la religión sin los sermones y los comentarios? ¿Qué sería la filosofía sin los profesores? Es un fenómeno más amplio, es ese fenómeno de lo que llamo un “cuadro hermenéutico”, es decir que son obras, productos, textos que se construyen a través de un campo de competición porque, en realidad, los artistas compiten. Y, a través de su posicionamiento, construyen una identidad enunciativa que no es la identidad social banal, es una identidad propia del campo al cual se inscriben. Pero ese campo es un campo social: los valores existen sólo si existe en la sociedad un lugar específico que da un sentido a la actividad misma. Nadie puede decir “soy escritor” si no existe una institución reconocida que da sentido a la actividad de escribir.

Una cosa, por ejemplo, muy típica, es que en la época romántica, o más tarde en el siglo XIX, parece normal que un artista muera de hambre, o está el caso de Van Gogh que se suicidó… Hoy día sería muy extraño porque el sentido que damos a la actividad estética es muy diferente, parecería un poco ridículo. Y porque la sociedad es otra y el sentido de la estética es otro, y en la época del siglo XVII, XVIII era impensable, nadie se suicidaba para crear obras, porque lo que se llamaba arte no tenía el mismo sentido que hoy, o que en el siglo XIX.

-¿Cómo ubica a los medios en el contexto de los discursos sociales?
-Es un problema muy serio. Los medios son como un espejo, es decir, que no es un lugar dentro de una sociedad. Es más una zona en la cual se proyectan los otros discursos. Hablo de hoy, porque antes era diferente. Todas la actividades humanas (la política, el arte, pero también el deporte) están insertas en una especie de esfera invisible que son “los medios”, que es esa combinación de Internet, los celulares, la radio, la prensa… y todo eso es una especie de inmensa esfera donde se proyectan los otros discursos que interactúan con esos discursos. Es decir, que un discurso que no tiene capacidad de ser proyectado en esa esfera desaparece, se modifica según la reacción de los medios. Pero es una situación totalmente nueva, porque nunca en la historia de la humanidad hubo una interconexión tan inmensa de los medios. Y lo que se llama un poco el posmodernismo, es decir, la idea de que en cierta manera el arte no es autónomo depende de esa esfera invisible en la cual está inserto.

Los medios y la sociedad

-¿Cree que los medios son sólo reflejo o que tienen la capacidad de crear géneros nuevos o de adaptarlos? ¿Se nutren de lo que ya está o cree que tienen esta posibilidad de crear nuevas formas de vínculo?
-Depende de a qué se llame “medio”; porque si se habla de los medios desde un punto de vista técnico es evidente que son capaces de crear cosas nuevas, obras nuevas, y estoy seguro de que, dentro de poco tiempo, la literatura tradicional será marginal. Digamos, crear con los videogames, etc., nuevos tipos de géneros estéticos. Pero, si se habla de los medios como medios de comunicación, como CNN, es otra cosa. Yo distinguiría el medio como soporte técnico y el medio como comunicación, información, etc.

-¿Cómo cree que la subjetividad se ve trastocada, o evoluciona en función de la importancia cada vez mayor que tienen los medios, como el ser invisible, que está gravitando sobre todos?
-Es un tema muy foucaultiano, es decir, la idea de que el sujeto se construye a través de sus procesos enunciativos. Es verdad, pero es más un problema para sociólogos que para mí, porque yo trabajo sobre discursos y lo que estudio son las formas de subjetivación diversas que se desarrollan según los diversos géneros, las prácticas discursivas. Pero saber las consecuencias sobre el sujeto en general es un tema más filosófico y más sociológico. Desde un punto de vista no estoy seguro de que haya tanta diferencia con el pasado: lo que se llama “sujetos” fue siempre una cosa imaginaria; lo que tenemos es una pluralidad, una diversidad y prácticas sociales. Lo que daba ilusión de un sujeto pleno es que las personas estaban integradas dentro de cuadros sociales como un pueblo, una iglesia, y se podía tener el sentimiento de que el sujeto estaba terminado.

Pero era el cuadro el que daba el sentimiento de esa coherencia. No estoy seguro de que el sujeto era más coherente, más homogéneo que hoy. Es verdad que hoy el sujeto es muy visible, es mucho más heterogéneo porque, de algún modo, primero tiene que construir su propia identidad. Antes la identidad estaba dada: yo era “el hijo de…”, “hermano de…”, “estaba en una clase social”, “un grupo”, “corporación”, etc., y hoy está la gente siempre buscando en revistas femeninas su estilo, tienes que encontrar tu estilo. Y el estilo es una manera de decir, en cierto modo, ese vacío profundo que hay dentro del sujeto. Estamos siempre buscando nuestro estilo.

Crisis de la universidad

-Nosotros pertenecemos a una institución que forma críticos y que, por lo tanto, está vinculada también con la pedagogía y con la didáctica. Sus textos también han tenido una gran llegada y muchas veces se han publicado en editoriales, que están pensadas para alumnos de la universidad. ¿Le interesa la cuestión de la pedagogía universitaria y la manera en que se puede enseñar a manejar todo este tipo de elementos que entran en juego cuando uno escribe dentro de un campo para expresar algo?
-Sí, estoy implicado en la reflexión didáctica y es verdad que la universidad está viviendo una crisis muy profunda desde un punto de vista didáctico, porque antes no había una diferencia muy grande entre el secundario y la universidad: un profesor que lo sabía todo y lo enseñaba a los otros. Hoy es más complicado porque la tecnología se renueva siempre, el profesor muchas veces sabe menos que los alumnos.

El problema más serio es el cambio de identidad de la universidad. Hoy, en el mundo, hay una especie de guerra entre una definición humanista y académica de la universidad y una definición más comercial de la universidad: el “branding”, es decir, la idea de que la universidad es una empresa como cualquier otra que vende saber, y eso tiene que ver también con el individualismo, es decir, una visión comercial de la universidad, que cada alumno tiene su programa y puede comprar y escoger dentro de una oferta lo que le gusta para un propósito que él tiene y etc. Así que llegamos a una definición de alumno que es muy diferente de la imagen tradicional, que era más la de un discípulo. Ahora, es más un consumidor; el alumno va en esa lógica comercial. Y la didáctica, en realidad, depende de esas opciones, porque si se opta por la visión humanista sabemos el tipo de didáctica que se tiene que hacer. Pero si optamos por la opción comercial, es otra lógica y otra didáctica. Así, uno no diría que una didáctica es un problema neutro. En realidad, depende de opciones que son del tipo político.

-¿Usted está más a favor de una enseñanza tal vez más enciclopédica? Los oradores, incluso los más talentosos, a veces son aquellos que manejan más discursos sociales, ¿no?
-Sí. Pero en realidad el problema no depende de mí, depende de la sociedad en la cual estamos, porque si la sociedad va hacia un modelo totalmente individualista y economista, es evidente que la universidad estará al servicio del mercado, será un prestador de servicios, y los ricos van a comprar y eso ya está empezando en ciertos países. En Brasil, por ejemplo, las escuelas privadas, para reclutar alumnos, venden programas de enseñanza que son fabricados por agencias americanas que hacen programas de matemática, de informática, en una especie de software y el profesor es un animador del software, no es más la fuente del saber. Y se puede imaginar que con las nuevas tecnologías habrá un profesor de lingüística para treinta universidades.

Así que, en realidad, puedo estar a favor o no: no es el problema. El problema es la decisión política que va a determinar cuál es el papel de las escuelas y el papel de la universidad. Los profesores siempre tienen que adaptarse. Pero es evidente que mi preferencia es la visión humanista de la universidad y no la visión de un alumno como idéntico, como quien consume saber, como si fuese sólo un instrumento para tener una profesión y para ganar dinero.

-¿Hay una suerte de empobrecimiento?
-No sé… Es un problema un poco eterno, porque si recordamos dentro de la filosofía, Sócrates debate con los sofistas, ya que los sofistas vendían saber para hacer una carrera política. Y Sócrates decía que no se debe vender el saber, etc., etc. Bueno, yo creo que hay siempre esa lucha. No sé si es más pobre porque la enseñanza “comercial” puede ser muy sofisticada, no es un problema de ser más pobres o más ricos: es un problema de propósitos.

Maingueneau dictó una conferencia organizada por la Asociación Argentina de Retórica, la Maestría en Análisis del Discurso de la Facultad de Filosofía y Letras (UBA) y el Área Transdepartamental de Crítica de Artes (IUNA). El Área de Crítica de Artes mantuvo un encuentro con el renombrado autor en el que fue realizada esta entrevista por Magdalena Arnoux y Gastón Cingolani.

Secretaría de Desarrollo y Vinculación Institucional
rectorado.difusion@iuna.edu.ar
Magdalena Arnoux y Gastón Cingolani
Prensa y Difusión – Secretaría de Desarrollo y Vinculación Institucional
Instituto Universitario Nacional del Arte

FUENTE

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