TIME AND PUNISHMENT / Tiempo y castigo (Traducción de María Cristina Alvite, bibliotecaria penal de Rawson)

Prison Population Can Shrink When Police Crowd Streets/La población carcelaria puede disminuir cuando la policía atiborra las calles.

By /Por JOHN TIERNEY

Published/Publicado: January /Enero25, 2013

Now that the United States has the world’s highest reported rate of incarceration, many criminologists are contemplating another strategy. What if America reverted to the penal policies of the 1980s? What if the prison population shrank drastically? What if money now spent guarding cellblocks was instead used for policing the streets?

Time and Punishment/Ahora  que los Estados Unidos tienen el mayor porcentaje registrado de encarcelamiento, muchos criminólogos están contemplando otra estrategia. ¿Qué sucede si los EE.UU. de Na. regresaran a las políticas penales de la década de los 80?. ¿Qué sucede si la población carcelaria disminuyera drásticamente? ¿Qué tal si el dinero gastado en vigilar sectores de celdas fuera utilizado para que la policía camine por las calles?

John Tierney, the Findings columnist for Science Times, is exploring the social science of incarceration. Articles in this series will look at the effects of current policies on families and communities, and new ideas for dealing with offenders./John Tierne, el columnista de Findings para Tiempos de Ciencia, está explorando la ciencia social del encarcelamiento. Los artículos en esta serie verán los efectos de las políticas actuales en las familias y las comunidades y nuevas ideas para  tratar con los ofensores.

“If you had a dollar to spend on reducing crime, and you looked at the science instead of the politics, you would never spend it on the prison system,” Micheal Jacobson, president of the Vera Institute of Justice and former New York City correction and probation commissioner, said./ “Si tuviera un dólar para gastar en reducir el delito, y mirara hacia la ciencia en lugar de la política, nunca lo gastaría en el sistema carcelario,” dijo Micheal Jacobson, presidente del Instituto de Justicia Vera y ex comisionado de correccionales y de libertad condicional de la ciudad de Nueva York.

In short, what would happen if the rest of the country followed New York City’s example?/En breve, ¿qué sucedería si el resto del país siguiera el ejemplo de la ciudad de Nueva York?

As the American prison population has doubled in the past two decades, the city has been a remarkable exception to the trend: the number of its residents in prison has shrunk. Its incarceration rate, once high by national standards, has plunged well below the United States average and has hit another new low, as Mayor Michael R. Bloomberg announced recently. And crime in the city has fallen by more than 75 percent, almost twice as much as in the rest of the country./ A medida que la población carcelaria se ha duplicado en las últimas dos décadas, la ciudad ha sido una excepción notable a la tendencia: el número de sus residentes en la cárcel ha disminuido. Su porcentaje de encarcelamiento, alguna vez alto según las normas nacionales, ha descendido bien por debajo del promedio de los Estados Unidos y ha llegado a un nuevo mínimo, como el intendente Michael R. Bloomberg lo anunció recientemente. Y el delito en la ciudad ha caído en más de un 75 por ciento, casi el doble que en el resto del país.

Whatever has made New York the safest big city in America, that feat has certainly not been accomplished by locking up more criminals./Lo que haya hecho a Nueva York la ciudad más segura en Norteamérica, no ha sido logrado con certeza encerrando más delincuentes.

“The precise causes of New York’s crime decline will be debated by social scientists until the Sun hits the Earth,” said Michael Jacobson, a criminologist who ran the city’s Correction and Probation Departments during the 1990s and is now the president of the Vera Institute of Justice, a criminal justice research group. “But the 50,000-foot story from New York is that you can drive down crime while decreasing your jail and prison population — and save a huge amount of money in the process.”/ “Las causas precisas del declive del delito de Nueva York se debatirán por los científicos sociales hasta que el sol impacte a la tierra,” dijo Michael Jacobson, un criminólogo que dirigió los Departamentos de correccionales y de libertad condicional durante los noventa y ahora es el presidente del Instituto de justicia Vera, un grupo de investigación de justicia penal. “Pero la larga historia de Nueva York es que se puede descender el delito a la vez de disminuir la población prisionizada – y ahorrar una inmensa cantidad de dinero en el proceso.”

New York’s singular success has attracted attention across the country from public officials whose budgets have been strained by the prison boom. The 2.3 million people behind bars in America, a fifth of the world’s prisoners, cost taxpayers more than $75 billion a year. The strict penal policies were intended to reduce crime, but they have led to a historic, if largely unrecognized, shift in priorities away from policing./El éxito singular de Nueva York ha atraído la atención de todo el país de parte de los funcionarios públicos cuyos presupuestos han sido restringidos debido a la explosión carcelario. Las 2,3 millones d personas detrás de los barrotes en Norteamérica, un quinto de los presos del mundo, le cuestan a los contribuyentes más de U$S 75 billones al año. Las estrictas políticas penales tenían la intención de reducir el delito pero han llevado a un cambio, si bien no reconocido, en las prioridades alejadas de la policía.

“The United States today is the only country I know of that spends more on prisons than police,” said Lawrence W. Sherman, an American criminologist on the faculties of the University of Maryland and Cambridge University in Britain. “In England and Wales, the spending on police is twice as high as on corrections. In Australia it’s more than three times higher. In Japan it’s seven times higher. Only in the United States is it lower, and only in our recent history.”/ “Los Estados Unidos es hoy el único país que conozco que gasta más en cárceles que en policía”, dijo Lawrence W. Sherman, un criminólogo norteamericano en los cuerpos docentes de la Universidad de Maryland y la Universidad de Cambridge en Gran Bretaña. “En Inglaterra y Gales, el gasto en la policía es el doble que en los correccionales. En Australia es más de tres veces. En Japón es siete veces mayor. Únicamente en los Estados Unidos es menor y sólo en nuestra historia reciente.”

Before the era of mass incarceration began in the 1980s, local policing accounted for more than 40 percent of spending for criminal justice, while 25 percent went to prisons and parole programs. But since 1990, nearly 35 percent has gone to the prison system, while the portion of criminal justice spending for local policing has fallen to slightly more than 30 percent./Antes que la época del encarcelamiento masivo comenzara en los 80, la policía local representaba más del 40 por ciento del gasto en la justicia penal, si bien el 25 por ciento iba a las cárceles y programas de libertad condicional. Pero desde los 90, casi el 35 por ciento ha ido al sistema carcelario mientras que la porción de gasto de justicia penal para la policía local ha caído a un poco más que el 30 por ciento.

New York, while now an exception to the mass-incarceration trend, also happens to be the place that inspired it. When New York State four decades ago commissioned an evaluation of programs to rehabilitate criminals, the conclusions were so discouraging that the researchers were initially forbidden to publish them./Nueva York, si bien ahora una excepción en la tendencia de encarcelamiento masivo, también suele ser el lugar que la inspirara. Cuando el estado de Nueva York hace cuatro décadas encargara una evaluación de programas para rehabilitar delincuentes, las conclusiones fueron tan descorazonadoras que a los investigadores se les prohibió inicialmente publicarlas.

Eventually one of the criminologists, Robert Martinson, summarized the results in 1974 in the journal Public Interest. His article, “What Works? Questions and Answers About Prison Reform,” was soon known as the “nothing works” thesis. Dr. Martinson concluded that rehabilitation strategies “cannot overcome, or even appreciably reduce, the powerful tendencies of offenders to continue in criminal behavior.”/Eventualmente uno de los criminólogos, Robert Martinson, resumió los resultados en 1974 en la publicación “Public Interest”. Su artículo, “¿Qué funciona? Preguntas y respuestas son la reforma carcelaria”, fue rápidamente conocido como la tesis del “nada funciona” El dr. Martinson concluyó que las estrategias de rehabilitación “no pueden superar, o siquiera reducir apreciablemente, las poderosas tendencias de los ofensores para continuar su conducta delincuencial.”

An outgrowth of the study was a consensus to eliminate parole for many offenders and to mandate long sentences determined by formulas rather than rely on the discretion of judges and parole boards./Como una decisión a partir del estudio estuvo el consenso para eliminar la condicional para muchos ofensores y obligar a largas sentencias determinadas por formulas en lugar de confiar en la discreción de los jueces y consejos de libertad condicional.

Dr. Martinson wrote an article in 1979 recanting his “nothing works” conclusion, but by then it was too late. The trend toward tougher sentences continued, causing prison populations to grow rapidly in the 1980s throughout the country, including in New York. When crime kept rising anyway, sentences often were further lengthened./El dr. Martinson escribió un artículo en 1979 recordando su conclusión “nada funciona”, pero para entonces era demasiado tarde. La tendencia hacia sentencias más duras continuó dando lugar al rápido crecimiento de las poblaciones carcelarias en los 80 en todo el país, incluyendo a Nueva York. Cuando el delito continuó creciendo de cualquier modo, las sentencias a menudo fueron aún más prolongadas.

But New York diverged from the national trend in the early 1990s, when it began expanding its police force and introduced a computerized system to track crimes and complaints. Officers also aggressively enforced laws against guns, illegal drugs and petty crimes like turnstile jumping in the subways. Arrests for misdemeanors increased sharply./Pero Nueva York se desvió de la tendencia nacional a principios de los 90, cuando comenzó a ampliar su fuerza policial e introdujo un sistema computarizado para rastrear delitos y quejas. Los funcionarios vigilaron agresivamente armas, drogas ilegales y pequeños delitos como el saltar los molinetes en los subterráneos. Los arrestos por desmanes aumentaron drásticamente.

Yet serious crime went down. So though more people were being locked up for brief periods — including many who were unable to make bail and were awaiting trial — the local jail population was shrinking and fewer city residents were serving time in state prisons./Aún así los delitos graves decayeron. Si bien más gente era encerrada durante breves períodos – incluyendo muchos que no podían abonar fianza y estaban esperando el juicio – la población en alcaidía disminuía y menos residentes de la ciudad cumplían pena en las cárceles del estado.

“Even with more people coming into the system, the overall bed count was declining because people weren’t staying as long,” Dr. Jacobson, who was correction commissioner from 1995 to 1998, recalled./ “Aún con más gente ingresando al sistema, el conteo total de camas declinaba debido a que la gente no permanecía durante mucho tiempo,” recordó el dr. Jacobson, quien fue el comisionado de correccionales desde 1995 a 1998.

“It was a nightmare to administer because there was so much churning and turnover, but it was good news for the city.”/ “Fue una pesadilla administrar porque había mucha agitación y mucho recambio, pero fueron buenas noticias para la ciudad.”

Saving $1.5 Billion a Year/ Ahorrando U$S 1.5 billones al año.

Even as the city grew by nearly a million people in the last two decades, the number of New Yorkers behind bars fell by a third, to below 40,000 today./Aunque la ciudad creció casi un millón de personas en las dos últimas décadas, el número de neoyorquinos detrás de los barrotes cayó un tercio, a menos de 40.000 en la actualidad.

If the city had followed the national trend, nearly 60,000 additional New Yorkers would be behind bars today, and the number of city and state correction officers would have more than doubled since 1990, said Franklin E. Zimring, a criminologist at the University of California, Berkeley./Si la ciudad hubiera seguido la tendencia nacional, casi otros 60.000 neoyorquinos estaría detrás de los barrotes hoy y el número de guardiacárceles estatales y municipales se hubieran más que duplicado desde 1990, dijo Franklin E. Zimring, un criminólogo en la Universidad de California, Berkeley.

By not expanding the jail and prison populations, he calculates in his 2011 book, “The City That Became Safe,” the city and the state have been saving $1.5 billion a year, more than twice as much as it cost to finance the additional police officers in the 1990s./Al no ampliar las poblaciones en cárceles y alcaidías, calcula en su libro de 2011, “La ciudad que se volvió segura,” la ciudad y el estado han estado ahorrando U$S 1,5 billones al año, más del doble de lo que cuesta financiar a los policías adicionales en los noventa.

The crime decline, which has lasted for two decades, has been so striking that some critics wonder if the police stopped reporting some offenses. The police vehemently deny that, and numbers have continued dropping even for crimes that are difficult to hide — homicides, most notably./La disminución del delito, que ha durando durante dos décadas ha sido tan impactante que algunos críticos se preguntan si la policía no informa algunas ofensas. La policía, con vehemencia, lo niega y los números han continuado cayendo hasta en delitos que son difíciles de esconder: comicios, con mayor notoriedad.

Policing, of course, is not the only possible explanation for the safer streets. A shift in demographics, the arrival of new immigrants, the waning of the crack epidemic, and other economic and social changes had an impact on neighborhoods in New York — and in the rest of the country, where crime also declined in the 1990s./La recorrida policial, por supuesto, no es la única explicación posible para las calles más seguras. Un cambio en la demografía, la llegada de nuevos inmigrantes, la declinación de la epidemia de crack y otros cambios económicos y sociales han tenido un impacto en los vecindarios en Nueva York – y en el resto del país, donde el delito también disminuyó en los 90.

But the drop was much steeper and more prolonged in New York than elsewhere. And while researchers attributed about a quarter of the decline in the rest of America to the stricter penal policies, that explanation did not apply to a city that was locking up fewer people. Something else was responsible, and criminologists have been trying to figure out how to repeat it./Pero la caída fue más pronunciada y más prolongada en Nueva York que en cualquier otra parte. Y mientras los investigadores atribuían a un cuarto del declive en el resto de los EE.UU. de Na. a las políticas penales más estrictas, dicha explicación no se aplicaba a una ciudad que estaba encerrando a menos personas. Algo más era responsable y los criminólogos han estando intentando descubrir cómo para repetirlo.

“The intellectual tragedy of the New York crime miracle is that it had no experiments to identify just what worked,” Dr. Sherman said./ “La tragedia intelectual del milagro del delito de Nueva York es que no tiene experimentos  para identificar qué funcionó,” dijo el dr. Sherman.

His frustration is shared by David Weisburd, a criminologist at George Mason University in Virginia and Hebrew University in Jerusalem./Su frustración es compartida por David Weisburd, un criminólogo en la Universidad George Mason en Virginia y en la Universidad Hebrea en Jerusalén.

“As long as crime is going down, New York’s police don’t seem to want to know which strategies are working and which aren’t,” Dr. Weisburd said. “When I proposed an experiment to one police official in the last administration, he replied, ‘You could only bring me bad news.’ ”/ “Mientras el delito esté disminuyendo, la policía de Nueva York no parece querer conocer cuáles estrategias están funcionando y cuáles no,” dijo el dr. Weisburd. “Cuando propuse un experimento a un funcionario policial del último gobierno, me contestó “Ud. sólo podría traerme malas noticias.”

Elsewhere, studies have shown that crime drops when more police officers are hired, so it is not surprising that the expansion of New York’s police force in the 1990s by more than a third was accompanied by a drop in crime. But during the past decade, the force has shrunk by 15 percent, and yet crime has mostly continued falling./En otras partes, los estudios han demostrado que el delito cae cuando más agentes policiales ingresan, de manera que no sorprende que la expansión de la fuerza policial de Nueva York en los 90 en más de un tercio fuera acompañada por una caída en el delito. Pero durante la pasada década, la fuerza se achicó en un 15 por ciento y aún así el delito en su mayor parte continuó su caída.

When Dr. Zimring and other criminologists look at this trend, and compare it with the fluctuating crime rates in other cities, they conclude that the retreat in crime in New York is not just a matter of the number of police officers. Those officers must be doing something right, but what exactly?/Cuando el dr. Zimring y otros criminólogos observan esta tendencia y la comparan con los porcentajes fluctuantes del delito en otras ciudades, concluyen que la retirada del delito en Nueva York no es tan sólo el número de los agentes policiales. Dichos agentes deben estar haciendo algo bien, ¿pero qué es exactamente?

The most likely answer is a shift in strategy called hot-spot policing./La respuesta más probable es un cambio en la estrategia denominada recorrida de lugares más calientes.

In the 1970s, research had shown that a small percentage of criminals committed a large share of crimes, so it had seemed logical to concentrate on catching repeat offenders and locking them up./En los 70, una investigación ha demostrado que un pequeño porcentaje de delincuentes cometía una gran porción de los delitos, de manera que parecía lógico concentrarse en capturar a los ofensores remitentes y encerrarlos.

But after computerized crime mapping was introduced, it turned out that crime was even more concentrated by place than by person./ Pero después que el mapeado del delito fue introducido, se vió que el delito estaba aún más concentrado por lugar que por persona.

In city after city, researchers found that half of crimes occur within about 5 percent of an urban area — a few buildings, intersections and blocks, often near transit stops and businesses like convenience stores, bars and nightclubs./Ciudad tras ciudad, los investigadores encontraron que la mitad de los delitos ocurren dentro de una zona urbana en un 5 por ciento – unos pocos edificios, cruces y manzanas, a menudo cerca de paradas de tránsito y de negocios como del tipo económico, bares y nightclubs.

The criminal population keeps changing as men in their 30s drop out and are replaced by teenagers, but crimes keep occurring at the same places./La población delincuencial continúa cambiándose ya que los hombres en la treinta se van y son reemplazados por adolescentes, pero los delitos continúan ocurriendo en los mismos lugares.

A Focus on Hot Spots/Un enfoque en los puntos calientes

Researchers suggested: Perhaps the authorities should pay less attention to individual criminals and more attention to the hot spots where they operate./Los investigadores sugierieron: Quizás la autoridades debieran prestar menos atención a los delincuentes de forma individual y más atención a los lugares calientes donde operan.

Dr. Sherman, Dr. Weisburd and colleagues have tested the idea in randomized experiments in Jersey City; Houston; Kansas City, Mo.; Minneapolis; Philadelphia; Sacramento; and cities in Britain and Australia./El dr. Sherman, el dr. Weisburd y colegas han comprobado la idea en experimentos al azar en Jersey City; Houston; Kansas City, Mo.; Minneapolis; Filadelfia; Sacramento; y ciudades en Gran Bretaña y Australia.

Typically, a list of hot spots was identified, and then half were randomly chosen to receive extra police attention, like more frequent patrols. Other strategies were also used, like improving street lighting, fencing vacant lots or arresting people for minor violations./De manera típica, un listado de lugares calientes fueron identificados y luego la mitad de ellos fueron elegidos al azar para recibir atención policial extra, como patrullajes más frecuentes. Otras estrategias también fueron utilizadas, como mejorar el alumbrado de las calles, alambrar los lotes baldíos o arrestar a personas por quebrantamientos menores.

As hoped, there were fewer crimes and complaints at the hot spots chosen for extra attention than at those that were not. And once police officers started to show up often and at unpredictable intervals, they did not need to stay more than 15 minutes to have a lasting impact./Como se esperaba, había menos delitos y quejas en los lugares calientes elegidos para una atención extra que aquellos que no la tenían. Y una vez que los agentes policiales comenzaban a aparecer más a menudo y en intervalos impredecibles, no precisaban estar más de 15 minutos para conseguir un impacto duradero.

Nonetheless, the hot-spot strategy was initially met with skepticism by police veterans./Sin embargo, la estrategia del punto caliente fue inicialmente tratada con escepticismo por los veteranos de la policía.

“We assumed that if we hit one area hard, the crime would just move somewhere else,” said Frank Gajewski, a former police chief of Jersey City, who worked with Dr. Weisburd on the experiments there./ “Presumimos que si golpeábamos duro en una zona, el delito se trasladaría a otro lugar,” dijo Frank Gajewski, un ex jefe de policía de Jersey City, quien trabajó con el Dr. Weisburd en los experimentos en ese lugar.

But Dr. Weisburd won over Mr. Gajewski and other skeptics — and also won the 2010 Stockholm Prize, criminology’s version of the Nobel — by showing that crime was not simply being displaced. Moreover, he and his colleagues reported a “spatial diffusion of crime prevention benefits” because crime also declined in adjoining areas, as the police in Jersey City had observed./Pero el dr. Weisburd ganó por sobre el sr. Gajewski y otros escépticos – y también ganó el premio Estocolmo 2010, la versión criminológica del Nobel – demostrando que el delito no estaba simplemente siendo desplazado. Mucho más aún, él y sus colegas informaron que una “difusión espacial de la prevención criminal beneficia” porque el delito también disminuyó en zonas adyacentes, como la policía en Jersey City ha observado.

“Crime doesn’t move as easily we thought it did,” Mr. Gajewski said. “If I’m a robber, I want to be in a familiar, easily accessible place with certain characteristics. I need targets to rob, but I don’t want people in the neighborhood watching me or challenging me. Maybe I work near a bus stop where there are vacant buildings or empty lots. If the police start focusing there, I can’t just move to the next block and find the same conditions.”/ “El delito no se mueve tan fácilmente como pensamos que lo hacía”, dijo el sr. Gajewski. “Si soy un asaltante, quiero estar en un lugar familiar, de acceso fácil con ciertas características. Preciso blancos para robar, pero no quiero gente en el vecindario que me vea o me desafíe. Quizás pueda trabajar cerca de una parada de ómnibus donde haya edificios vacíos o lotes baldíos. Si la policía empieza a enfocarse allí, no me puedo trasladar a la próxima manzana y encontrar las mismas condiciones.”

After more than two dozen experiments around the world, criminologists generally agree that hot-spot policing is “an effective crime prevention strategy,” in the words of Anthony Braga, a criminologist at Harvard and Rutgers who led a review of the research literature last year./Luego de más de dos docenas de experimentos en el mundo, los criminólogos en general acuerdan que el patrullaje de espacios calientes es “una estrategia efectiva para la prevención del delito,” en las palabras de Anthony Braga, un criminólogo en Harvard y Rutgers que dirigió una revisión de la literatura de investigación el año pasado.

Many experts also see it as the best explanation for the crime drop in New York. Although the city’s police did not participate in randomized experiments, they did use computerized crime mapping to focus on hot spots in the 1990s. This strategy was intensified with a program called Operation Impact, which was started in 2003 by Raymond W. Kelly, then and now the police commissioner./Muchos expertos también observan que es la mejor explicación para la caída del delito en Nueva York. Si bien la policía de la ciudad no participó en los experimentos al azar, utilizaron el mapeado computarizado del delito para enfocarse en lugares calientes en los 90. Esta estrategia fue intensificada con un programa llamado Operación Impacto, que comenzó en 2003 por Raymond W. Nelly, entonces y ahora el comisionado policial.

Commissioner Kelly gives the strategy credit for the continued decline of crime despite the reduced police force./El comisionado Kelly brinda a la estrategia crédito por la caída del delito a pesar de la fuerza policial reducida.

There is supporting evidence from Dennis C. Smith, a political scientist at New York University who led an analysis of trends in the dozens of precincts where the city’s police focus on “impact zones,” as the hot spots are called. Rates of murder, rape, grand larceny, robbery and assault declined significantly faster in precincts with hot-spot policing than in those without it./Existe una evidencia de apoyo de Dennis C. Smith, un científico político en la Universidad de Nueva York que encabezó un análisis de tendencias en docenas de comisarías donde la policía de la ciudad se enfocaba en “zonas de impacto,” como se denominan a los espacios calientes. Los porcentajes de asesinato, violación, robo importante, hurto y ataque cayeron significativamente más rápido en comisarías con patrullaje de lugares calientes que en las que no lo hacían.

The Stop-and-Frisk Debate/El debate por el detener y palpar.

One part of the hot-spot strategy in New York has been highly controversial: the stopping and frisking of hundreds of thousands of people each year, ostensibly to search for weapons or other contraband./Una parte de la estrategia del punto caliente en Nueva York ha sido altamente controvertida: la detención y palpado de miles de personas cada año, para la búsqueda ostensible de armas y otro contrabando.

Some critics say that the tactic has been used so often and so brusquely in New York that it has undermined policing by arousing disrespect for the law, especially among young black and Latino men, who are disproportionately stopped and searched. Research shows that people who feel treated unfairly by the police can become more likely to commit crimes in the future./Algunos críticos di en que la táctica ha sido utilizada tan a menudo y de manera tan brusca en Nueva York que minó la vigilancia policial al hacer emerger la falta de respeto por la ley, especialmente entre los jóvenes negros y latinos, a quienes se detiene y requisa de manera desproporcionada. La requisa muestra que la gente que se siente tratada de manera inadecuada por la policí, es más probable que cometa delitos en el futuro.

“The million-dollar question in policing right now is whether there are ways to get the benefits of stop-and-frisk without the collateral costs,” said Jens Ludwig, an economist who directs the University of Chicago Crime Lab. He found benefits from the tactic — a decline in gunshot injuries — in an experiment with the Pittsburgh police./ “La pregunta del millón de dólares en la vigilancia policial en la actualidad es si existen maneras de obtener beneficios de detener y requisar sin los costos colaterales,” dijo Jens Ludwig, un economista que dirige el laboratorio del delito de la Universidad de Chicago. Encontró beneficios de la táctica – una caída en las heridas por disparos – en un experimento con la policía de Pittsburgh.

“Getting the police to stop people more often and search them for illegal guns does help keep guns off the street and reduce gun violence,” Dr. Ludwig said. “That’s not to say whether or not stop-and-frisk is worth the costs that the practice imposes on society. But there’s a complicated trade-off here that needs to be acknowledged.”/ “Tener a la policía deteniendo gente más a menudo y requisarles armas ilegales ayuda a alejar las armas de la calle y reducir la violencia por armas,” dijo el dr. Ludwig. “Eso no quiere decir si o no detener y requisar vale los costos que la práctica impone a la sociedad. Pero existe un trueque complicado que precisa ser reconocido.”

Defenders of stop-and-frisk, including Mayor Bloomberg, argue that when it is done properly and politely, the practice prevents crimes that disproportionately hurt the city’s minorities./Los defensores de detener y requisar, incluyendo al intendente Bloomberg, sostienen que cuando se realiza adecuada y atentamente, la práctica evia delitos que lastiman de manera desproporcionada a las minorías de la ciudad.

“If New York went back to the policing of the 1980s,” Dr. Smith said, “there would be hundreds of thousands more victims of serious crimes every year, and the great majority of them would be African-American and Hispanic.”/ “Si Nueva York regresara a la vigilancia policial de los 80,” dijo el dr. Smith, “existirían más cientos de miles de víctimas de delitos graves cada año y la gran mayoría de ellos serían afro norteamericanos e hispanos.”

Police officials note that if the homicide rate of the 1980s persisted, 1,200 additional New Yorkers, most of them black or Latino men, would have been killed last year — when the police recorded 417 murders. Further, if the city’s incarceration rate had followed the national trend, an additional 100,000 black and Hispanic men would have been sent to prison in the past decade, Dr. Zimring calculates./Los funcionarios policiales observaron que si el porcentaje de homicidio de los 80 persistía, 1.200 neoyorquinos más, la mayoría de ellos negros o latinos, hubieran sido asesinados el año pasado – cuando la policía registro 417 muertes. Más aún, si la tasa de encarcelamiento hubiera seguido la tendencia nacional, otros 100.000 negros e hispanos más hubieran sido enviados a la cárcel en la pasada década, calcula el dr. Zimring.

Whether or not other cities adopt New York’s specific stop-and-frisk tactics, social scientists say the rest of the country could benefit by adding police officers and concentrating on hot spots./Ya sea que otras ciudades adoptan o no las tácticas específicas de Nueva York de detener y requisar, los científicos sociales dicen que el resto del país podría beneficiarse agregando agentes policiales y concentrarse en los lugares calientes.

Dr. Ludwig and Philip J. Cook, a Duke University economist, calculate that nationwide, money diverted from prison to policing would buy at least four times as much reduction in crime. They suggest shrinking the prison population by a quarter and using the savings to hire another 100,000 police officers./El dr. Ludwig y Philip J. Cook, un economista de la Universidad Duke, calculan que en todo el país, el dinero que se desvía de la cárcel a la policía compraría como mínimo cuatro veces la reducción del delito. Sugieren que disminuir la población carcelaria en un cuarto y utilizar los ahorros para contar con otros 100.000 agentes policiales.

Diverting that money to the police would be tricky politically, because corrections budgets are zealously defended in state capitals by prison administrators, unions and legislators./Desviar dicho dinero hacia la policía sería engañoso políticamente, debido a que los presupuestos de correccionales son celosamente defendidos en las capitales de los estados por los directores penitenciairos, sindicatos y legisladores.

But there is at least one prison administrator, Dr. Jacobson, the former correction commissioner in New York, who would send the money elsewhere./Pero existe como mínimo un director penitenciario, el Dr. Jacobson, ex comisionado de correccionales en Nueva York, que enviaría el dinero a otra parte.

“If you had a dollar to spend on reducing crime, and you looked at the science instead of the politics, you would never spend it on the prison system,” Dr. Jacobson said. “There is no better example of big government run amok.”/ “Si tienes un dólar para gastar para reducir el delito y miras hacia la ciencia en lugar de la política, nunca lo gastarías en el sistema carcelario,” dijo el dr. Jacobson. “No existe un mejor ejemplo para que un gran gobierno se enloquezca.”

That is the same lesson that William J. Bratton draws from his experience as New York’s police commissioner in the 1990s. “We showed in New York that the future of policing is not in handcuffs,” Mr. Bratton said. “The United States has locked up so many people that it has the highest incarceration rate in the world, but we can’t arrest and incarcerate our way out of crime. We need to focus on preventing crime instead of responding to it.”/ Ésa es la misma lección que William J. Bratton extrae de su experiencia como comisionado de policía de Nueva York en los 90. “Hemos mostrado en Nueva York que el futuro de la policía no está en esposar,” dijo el sr. Bratton. “Los Estados Unidos han encerrado a tanta gente que tiene el porcentaje más alto del mundo, pero no podemos arrestar y encarcelar nuestro camino lejos del delito. Precisamos enfocarnos en prevenir el delito en lugar de responderle.”

A version of this article appeared in print on January 26, 2013, on page A1 of the New York edition with the headline: Prison Population Can Shrink When Police Crowd the Streets./Una versión de este artículo apareció impreso el 26 de enero de 2013, en la página A1 de la edición de Nueva York con el título: La población carcelaria puede disminuir cuando la policía atiborra las calles.

FUENTE

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