Una escuela para la inclusión

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Alberto Sileoni inauguró las nuevas aulas y la biblioteca de la escuela Mocha Celis.

La población trans de Capital Federal vivió ayer un día particular por el inicio del segundo ciclo lectivo del Mocha Celis, el primer bachillerato popular orientado a personas transgénero, en el barrio de Chacarita. Además del comienzo de clases, los alumnos y profesores estrenaron aulas e instalaciones gracias a los aportes del Ministerio de Educación de la Nación, cuyo titular, Alberto Sileoni, estuvo presente en la ceremonia.

“Hay muchas personas como nosotros que tenemos ganas de estudiar y salir adelante. Yo quiero que sean convocadas a estudiar, que no pierdan sus derechos porque hay oportunidades”, aseguró a Página/12 la joven abanderada trans Virginia Silveyra, quien empezó ayer segundo año.

Su presente de excelente rendimiento educativo e inclusión contrasta positivamente respecto de su pasado en su Salta natal. Debido a la discriminación que padeció, esta joven de 28 años nunca pudo pasar de primero del polimodal en su adolescencia, a pesar de que se cambió de escuela cinco veces. “Yo venía del fracaso escolar, vivía cambiando de escuela. Acá me esforcé en estudiar y hacer las cosas bien. Me encontré con gente en la misma situación que yo. Somos muy unidos, se armó un lindo grupo en el que compartimos todo”, confió.

Este ambiente le permitió desempeñarse muy bien en la escuela y ser elegida abanderada. “Para mí es un honor llevar la bandera de Argentina, más por ser la de la escuela que nos abrió las puertas. Hasta hace dos años era una trabajadora sexual, ahora estoy estudiando y quiero ser abogada: eso me emociona mucho”, contó.

El bachillerato comenzó a funcionar a principios de 2011, cuando la Fundación Divino Tesoro le acercó la propuesta a la activista Lohana Berkins, fundadora de la Asociación de Lucha por la Identidad Travesti y Transexual (Alitt) y de la primera cooperativa trans, que apoyó la idea.

Luego, en mayo se presentó el proyecto ante autoridades del Gobierno de la Ciudad, que les dieron un lugar, aunque precario. Finalmente, en marzo de 2012 arrancaron con las clases y en mayo de ese año consiguieron la titulación oficial: Perito Auxiliar en Desarrollo de Comunidades.

Sin embargo, el empujón último lo dio el gobierno nacional con un subsidio para infraestructura e inmuebles de 496.404 pesos, por el que ayer inauguraron dos aulas más y una biblioteca.

Más allá de esto, el profesor de Literatura y partícipe de la fundación, José Miguel Nicolini, habló con este diario de los objetivos de la institución. “El bachillerato no es exclusivo ni excluyente. Tenemos alumnos adultos, adultas y chicos trans y no trans. Esto permite enriquecer el espacio áulico. Nuestros ejes son la inclusión laboral y las cuestiones de género, pero lo más importante es que nos constituyamos como un espacio de referencia, algo que les ha sido negado”, afirmó.

En este sentido, Nicolini puntualizó que “las chicas dejan el colegio de los 13 a los 15 años y empiezan a llevar su vida porque a la escuela le falta trabajo de inclusión”. Además, la mayoría viene de las provincias, con sus historias de vida de exclusión y discriminación: “El interior tiene una idiosincrasia conservadora que conlleva prácticas discriminatorias y expulsivas, vienen a Buenos Aires en busca de un lugar más amable para ser quienes son”.

El ministro de Educación de la Nación, Alberto Sileoni, opinó que no debe haber un silencio pedagógico frente a la discriminación. “La educación no es neutra: tiene que tomar partido. La escuela es un sitio de paz, de respeto y no puede haber silencio pedagógico ante la discriminación, la persecución, el abuso. Yo quiero una sociedad donde Virginia pueda ser abanderada y donde estos compañeros puedan cantar el Himno en una escuela.”

En este punto habló de un cambio de época y del rol del Estado. “No es la piedad del Estado lo que nos trae hoy hasta acá, es la justicia; porque no necesitamos un Estado benefactor, que mire alrededor y distribuya en términos de caridad, sino un Estado ético. Después de mucho tiempo de injusticias, hoy vemos un Estado más atento y un clima de época que es el de la igualdad.”

Por último, Sileoni remarcó que “no hay diferencias entre esta escuela y las 45 mil escuelas de todo el país”, y que el Mocha Celis, como todas las instituciones educativas, lo que ofrece es “la posibilidad de elegir para que la existencia no sea un destino” y, en el caso de la población trans, ese destino no sea la prostitución.

“Quizás en una sociedad futura, que hoy estamos construyendo, un bachillerato como éste no sea necesario”, concluyó.

FUENTE: Página 12.

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