Onomatopeya, por Américo Salvador (Escritos en Contextos de Encierro)

Existe un vocablo cuya etimología parece tener origen no ya en la emisión voluntaria de alguien que eligió dos fonemas y los pronunció.

Este vocablo al que me quiero referir se nombró a sí mismo no en jurisdicción del Lacio, fue allí donde el abominable acto punitivo se autonominó: Tortura.

El vocablo tortura puede prefigurarse como uno de los tantos sistemas para agraviar en cualquier grado la existencia de un ser humano y no es en sí mismo un término como cualquier otro cuya génesis está extraviada en el tiempo.

Por el carácter deleznable que encierra como concepto institucional,  ocasional o de hecho, podría asegurarse que tortura en definición no es sólo torsión, torno, potro, cepo o fuego con leña verde. Tortura es la onomatopeya de las primeras exclamaciones que sufre aquel constituido en presa por el predador de su misma especie.

Es también el grito de asombro, de incomprensión que emite el desesperado. Si quitásemos las consonantes a la palabra de marras, bastará solamente ensayar cierto énfasis al pronunciarlas y advertiremos en forma auditiva que la palabra se forma sola: OOOH – UUUH – AAAH.

La supervisión por expeditivos medios de control y contralor, evitará en el Tercer Milenio la recreación infame de este singular crimen.

El Poder merece trato histórico, sino no es Poder y  la Democracia es perfectible o no es Democracia.

Onomatopeya

Américo Salvador

29/05/013

 

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